El Papa reclama en Tenerife un cambio de paradigma ante la crisis migratoria en Canarias
El papa León XIV visitó San Cristóbal de La Laguna para denunciar la deshumanización de la crisis migratoria en Canarias y abogar por un modelo de integración activa que supere la mera asistencia pasiva.
La reciente visita del papa León XIV a San Cristóbal de La Laguna ha servido como un altavoz de alcance internacional para la crisis migratoria que atraviesa el archipiélago canario. Tal y como recogen las crónicas de la jornada de este viernes 12 de junio, el pontífice utilizó el trazado urbanístico de la ciudad tinerfeña —caracterizado por su ausencia de fortificaciones históricas— como eje argumental para reclamar un cambio de paradigma en la acogida de personas migrantes.
El mensaje del líder de la Iglesia católica se centró en la deshumanización de los flujos migratorios, denunciando que la percepción social tiende a reducir las trayectorias vitales de los recién llegados a meras estadísticas. En un acto que congregó a cerca de 2.500 personas en la plaza del Cristo, el pontífice fue especialmente crítico con las redes de tráfico de personas, instando a su cese inmediato y advirtiendo sobre el riesgo de que los migrantes queden confinados en guetos urbanos, donde su vulnerabilidad es explotada por terceros.
El encuentro contó con los testimonios directos de cuatro personas —Darwin Rivas, Mbacke Ndiaye, Khalid Allad y Thalia Johana—, quienes compartieron sus experiencias personales ante el Papa. Este formato de diálogo directo se alinea con la estrategia que la diócesis local, representada por el obispo Eloy Santiago, busca implementar: transitar de una pastoral de asistencia pasiva a una de integración activa. Según expuso el prelado, el objetivo de las organizaciones eclesiales en la zona es dotar a los migrantes de herramientas lingüísticas y ocupacionales que les permitan dejar de ser receptores de ayuda para convertirse en agentes activos dentro de la comunidad.
Desde una perspectiva sociopolítica, la intervención papal subraya la tensión existente entre la capacidad de acogida de las islas y la gestión de la integración a largo plazo. El pontífice enfatizó que la verdadera barrera no es física, sino actitudinal, y recordó que la integración no debe implicar la renuncia a la identidad de origen, sino la participación plena en la vida pública del lugar de acogida.
La jornada concluyó con un recorrido por la calle Viana, donde el Papa mantuvo encuentros con colectivos de mayores y personas en situación de exclusión social. Este evento pone de relieve la presión que soporta Canarias como frontera sur de Europa, un territorio que, a pesar de las limitaciones logísticas, intenta consolidar modelos de convivencia que eviten la creación de sociedades paralelas, un reto que, a juicio de la jerarquía eclesiástica, requiere de un compromiso institucional que trascienda la mera gestión de las llegadas a costa.