
Playa Jardín prohíbe el baño en dos calas por niveles elevados de contaminación bacteriana
El Ayuntamiento de Puerto de la Cruz ha prohibido el baño en las calas de Punta Brava y El Charcón tras detectarse niveles de Escherichia coli que superan los límites de seguridad permitidos.
La recurrente crisis sanitaria en el litoral de Puerto de la Cruz ha vuelto a situar a Playa Jardín en el centro de la polémica. Según ha informado la prensa local, el consistorio tinerfeño se ha visto obligado a restringir el acceso al baño en dos de sus tres calas —Punta Brava y El Charcón— tras detectarse niveles de Escherichia coli que superan los umbrales de seguridad establecidos por la normativa vigente.
El origen de esta medida, decretada este jueves 3 de septiembre por el alcalde Leopoldo Afonso, reside en los análisis realizados por la Dirección General de Salud Pública del Gobierno de Canarias el día anterior. Los resultados arrojaron una concentración de 800 unidades de la citada bacteria por cada 100 mililitros, una cifra que sobrepasa el límite legal de 500 unidades. Este episodio constituye la tercera incidencia de este tipo durante el presente periodo estival, evidenciando una fragilidad estructural que ha marcado la gestión costera del municipio en los últimos años.
La problemática no es nueva ni aislada. El historial reciente de la zona refleja una deficiencia crónica en la infraestructura de saneamiento. Cabe recordar que, entre 2024 y 2025, el enclave permaneció clausurado durante 349 días consecutivos debido a vertidos similares. Los factores técnicos que explican esta situación son múltiples: desde la falta de conexión al alcantarillado de un número significativo de viviendas en el barrio de Punta Brava —se estima que al menos 125 inmuebles carecen de este servicio— hasta las disfunciones operativas en la depuradora comarcal del Valle de La Orotava y las averías registradas en su emisario submarino.
La gestión de estas alertas ha sido, además, objeto de fricción institucional. En junio pasado, la falta de coordinación administrativa derivó en que el Ayuntamiento ignorara una recomendación de cierre emitida por Salud Pública durante la festividad de San Juan, argumentando discrepancias en los cauces de comunicación oficial. Aquel suceso puso de manifiesto la tensión entre las autoridades locales y regionales a la hora de priorizar la seguridad de los bañistas frente a la actividad turística.
Ante este nuevo escenario, el Ejecutivo municipal ha comunicado a través de sus canales oficiales que se están ejecutando las labores de verificación pertinentes para revertir la contaminación. No obstante, la persistencia de estos vertidos fecales plantea interrogantes sobre la eficacia de las inversiones en infraestructuras hidráulicas en una de las zonas de baño más emblemáticas de Tenerife, cuya viabilidad ambiental depende directamente de una modernización integral de la red de saneamiento que, hasta la fecha, sigue siendo una asignatura pendiente.