
Óscar Marrero, el estudiante con el mejor expediente de la Universidad de La Laguna: "La curiosidad supera a la memorización"
Óscar Marrero, estudiante de Filosofía de la Universidad de La Laguna, ha logrado el mejor expediente académico de la institución con una nota media de 9,7, destacando la curiosidad intelectual sobre la memorización mecánica.
La excelencia académica en el ámbito universitario español suele ir acompañada de una narrativa de sacrificio extremo, sin embargo, el caso de Óscar Marrero, estudiante del Grado de Filosofía en la Universidad de La Laguna (ULL), desafía esta convención. Tal y como recoge la información publicada recientemente, el joven tinerfeño ha cerrado el curso 2024/2025 con una nota media de 9,7, logrando el expediente más brillante de toda la institución académica lagunera. Este hito, lejos de ser el resultado de una planificación rígida, se atribuye a una inquietud intelectual constante, una cualidad que, según el propio estudiante, resulta más determinante que la memorización mecánica.
El recorrido de Marrero ofrece una perspectiva interesante sobre la evolución del talento en el sistema educativo. Tras un paso discreto por la Educación Secundaria Obligatoria, su rendimiento experimentó un cambio notable durante el Bachillerato, etapa en la que alcanzó la calificación máxima en todas las materias. Su interés inicial por las ciencias de la salud y la biología fue el puente que, paradójicamente, le condujo hacia la filosofía, al descubrir que las interrogantes sobre la conciencia y la mente humana requerían un análisis más profundo que el que ofrecía el entorno de laboratorio.
Su Trabajo de Fin de Grado, centrado en el pansiquismo y los problemas complejos de la conciencia, refleja una trayectoria marcada por la lógica matemática y la filosofía analítica. A pesar de haber obtenido el reconocimiento al mejor expediente de la ULL —un galardón que le fue notificado de manera inesperada mientras cursaba el Máster de Educación—, Marrero mantiene una visión pragmática sobre la formación universitaria. Sostiene que la verdadera ventaja competitiva reside en la capacidad de conectar conceptos y en la curiosidad autodidacta, más que en la acumulación de horas frente a los libros.
En la actualidad, el joven se prepara para ejercer la docencia, un ámbito en el que busca reivindicar la utilidad práctica de la filosofía. Frente a las críticas que tildan a esta disciplina de abstracta, Marrero defiende su aplicación directa en el debate ético y político, especialmente en la etapa adolescente, donde el cuestionamiento de la realidad y la construcción de un proyecto vital cobran especial relevancia.
Este caso pone de relieve una reflexión necesaria sobre el sistema de evaluación actual. Para el graduado, las calificaciones no deben ser interpretadas como un veredicto definitivo sobre la capacidad de un individuo, sino como un elemento secundario frente a la formación de un pensamiento crítico. Con la mirada puesta en la enseñanza y sin descartar futuras incursiones en la investigación doctoral, Marrero se posiciona como un ejemplo de cómo la curiosidad intelectual, cuando se canaliza adecuadamente, permite navegar con éxito por las exigencias académicas sin perder de vista la perspectiva humana del conocimiento.