Ópera de Tenerife abre temporada con "Orfeo y Eurídice" de Gluck

Ópera de Tenerife abre temporada con "Orfeo y Eurídice" de Gluck

Recurso: Diario de Avisos

Ópera de Tenerife presenta esta semana "Orfeo y Eurídice" de Gluck, la primera de su temporada 2025-2026, con Jordi Francés al frente de una propuesta que busca la honestidad emocional y la conexión con el público actual.

Ópera de Tenerife presenta esta semana una nueva obra de su temporada 2025-2026, la primera del año. El jueves y el viernes, a las 19:30 horas, el Auditorio de Tenerife acoge 'Orfeo y Eurídice' de Christoph Willibald Gluck (1714-1787), una ópera que se estrenó en Viena en 1762.

Es una producción propia. La dirección musical está en manos de Jordi Francés, que dirige al grupo Concerto München, mientras que la dirección escénica corre a cargo de Mal Pelo, la compañía de danza fundada en 1989 por Pep Ramis y María Muñoz. El reparto vocal lo forman las solistas Teresa Iervolino (mezzosoprano), Ana Vieira Leite y Mira Alkhovik (sopranos), junto al Coro Titular Ópera de Tenerife-Intermezzo, bajo la dirección de Miguel Ángel Arqued.

En esta entrevista, Jordi Francés, director de orquesta alicantino, nos da algunas claves sobre la ópera de Gluck. Nos explica, sobre todo, cómo se consigue traer al siglo XXI el espíritu de una obra barroca, un lenguaje de hace más de 250 años. Un trabajo donde el rigor no busca tanto copiar el original, sino ser fiel a una idea de belleza.

-Una ópera del siglo XVIII, inspirada en la mitología, para el público del siglo XXI. ¿Qué ha sido lo más difícil de llevar la música de Gluck al escenario? “Lo más complejo es tomar las decisiones clave para la interpretación. Este primer paso es como un trabajo de arqueología: acercarse a una partitura de hace más de dos siglos y encontrar la mejor forma de traducir ese lenguaje para el oído actual. Aunque decidimos usar una orquesta barroca para esta producción, no lo hicimos por querer reproducir fielmente las condiciones de la época ni por un interés histórico. Fue una decisión puramente estética, porque estamos convencidos de que el sonido, la forma de articular y el fraseo que ofrece una orquesta así son los que mejor se adaptan a esta música. En resumen, no elegimos una orquesta barroca para recrear el pasado, sino porque creemos que es la mejor manera de que esta música suene bien hoy en día”.

-¿Hay espacio para la libertad al montar la ópera, teniendo en cuenta el rigor o la fidelidad a la partitura? “El rigor y la fidelidad son muy importantes para nosotros, o al menos para mí. Pero para dar buenas respuestas, primero hay que hacer buenas preguntas. Y la pregunta es: ¿fidelidad a qué? ¿A un código que en su momento significaba una cosa y hoy significa otra? ¿O fidelidad a una idea, a la idea de belleza? A veces, estas dos cosas van de la mano, pero otras veces no. Así que sí, rigor y fidelidad, pero siempre hay que preguntarse: ¿fidelidad a qué?”.

“En la captación de nuevos públicos me interesan mucho las propuestas populares, pero no las populistas”

-Se dice que los clásicos son obras del pasado que aún nos dicen mucho sobre el presente. En este caso, ¿de qué nos habla 'Orfeo y Eurídice' a la gente de hoy? “'Orfeo y Eurídice' es un viaje al interior del alma de alguien que ha perdido a su ser querido. Esa desesperación le impulsa a buscar una redención, simbolizada en el deseo de recuperar a su amada, yendo tras ella de la mano de Amor, el personaje llamado así… Desde hoy, podemos verla como un viaje poético y personal al alma de Orfeo”.

-¿Cómo está siendo el trabajo con los músicos, las cantantes y el coro? ¿En qué aspectos están poniendo más énfasis? “Hemos trabajado en establecer unas bases para cantar desde la emoción. Christoph Willibald Gluck y el libretista, Raniero di Calzabigi, quisieron dar un paso adelante y cambiar de forma importante cómo se entendía la ópera en su época. En las óperas de Händel y otras obras de décadas anteriores a 'Orfeo y Eurídice', la historia avanzaba con recitativos (acompañados por un continuo) y arias donde los cantantes mostraban su gran habilidad vocal; lo que importaba era el virtuosismo. Sin embargo, en esta ópera de Gluck cambian muchas cosas, pero sobre todo se propone una forma distinta de cantar. No se busca tanto el virtuosismo llamativo, sino una honestidad emocional. Las líneas de canto son mucho más sencillas, pero muy potentes y profundas en lo que piden emocionalmente. Siguiendo esta filosofía, hemos construido las bases de nuestra interpretación. Ha sido un trabajo fascinante, porque los cantantes ya venían con estas ideas y la colaboración ha sido muy enriquecedora y fluida”.

“Desde la perspectiva de hoy, podemos leer esta ópera como un viaje poético interior hacia el alma de Orfeo”

-Si uno mira su trayectoria, ve que combina lo sinfónico, la ópera y la creación actual. ¿Es muy diferente la forma de trabajar en cada campo o hay siempre algo que se mantiene? “Quizás lo único constante es trabajar a fondo y querer conectar con el público lo que les proponemos. Pero son tres mundos musicales distintos, cada uno con sus propias reglas y formas de abordarlos… En la ópera, tengo la suerte de trabajar con lenguajes muy diferentes, como este del siglo XVIII, o con muchos estrenos de ópera actual que he dirigido. También me siento afortunado con la creación contemporánea, ya que mantengo relaciones muy buenas con algunos de los grandes compositores de hoy. He participado en experiencias que, de alguna manera, han ido más allá y han enriquecido la forma de escuchar de muchos aficionados a la música, proyectos que amplían los límites de lo posible. Y luego está el mundo sinfónico, gracias al diálogo que he tenido con orquestas de aquí y de fuera, como la Orquesta Nacional de España. Todo esto me ha hecho crecer como músico y me ha permitido explorar repertorios que admiro”.

-Ha participado en el estreno de más de 150 obras. ¿Qué debe tener una obra contemporánea para que decida dirigirla por primera vez? “Debe tener la intención de expresar una idea interesante. Y, además, hacerlo de una forma que, si es posible, abra una ventana para que entre aire fresco en la sensibilidad de quien la escucha”.

-Un aspecto de su vocación musical es la enseñanza, la formación de jóvenes intérpretes. ¿Cuál es la principal lección que intenta transmitirles y, por otro lado, qué aprende de ellos? “Aprendo muchísimas cosas cada día. Uno de los aspectos que intento enseñar a los jóvenes es la apertura y la profundidad: guiarlos por caminos que les ayuden a profundizar y a adentrarse en cualquier lenguaje, estética o época musical”.

“Al implicarme en un título contemporáneo busco que aporte aire fresco en la sensibilidad de quien lo escucha”

-En el mundo de la música clásica, siempre se habla de cómo atraer a nuevos públicos. En su opinión, ¿qué se está haciendo bien y qué se podría mejorar? “Se están haciendo muchas cosas bien. Atraer a nuevos públicos es un tema recurrente, pero es verdad que se han logrado objetivos muy interesantes. Quizás lo que se podría mejorar es la forma de comunicar la música clásica, evitando infantilizar el mensaje. Estoy totalmente de acuerdo, y yo mismo participo, en proyectos que acercan la música de forma sencilla y cercana a todo tipo de público. Estos días, por ejemplo, di una pequeña charla para los abonados de Ópera de Tenerife. Me parece una iniciativa muy acertada. Sin embargo, no creo que se atraiga a nuevos públicos infantilizando el contenido. Es decir: me interesan mucho las propuestas de divulgación populares, pero para nada las populistas”.