A la Virgen María de Candelaria la recibirán en la capital tinerfeña: 1300 personas velarán por la seguridad.

A la Virgen María de Candelaria la recibirán en la capital tinerfeña: 1300 personas velarán por la seguridad.

Recurso: El Día

La Virgen de Candelaria visitará por tercera vez en un siglo la capital tinerfeña, donde 1300 personas velarán por la seguridad y la asistencia médica estará coordinada por el doctor Pedro López Cabrera, que compagina su labor hospitalaria con el servicio a los feligreses.

El sábado 11 de octubre, la Virgen de Candelaria visitará la capital tinerfeña por tercera vez en un siglo. Para que todo salga bien, 1300 personas velarán por la seguridad. Además, la patrona tendrá su propio médico: Pedro López Cabrera, de 48 años y natural de La Laguna. Él ya coordinó la peregrinación en 2018, cuando se celebró el bicentenario de la diócesis, y ahora volverá a hacerlo.

"Desde pequeño quise cuidar de la gente", dice Pedro. Él compagina dos roles: responsable de la peregrinación y médico de urgencias en el Hospital Universitario de La Candelaria. Aunque está más acostumbrado a la bata de médico que a la sotana, entiende que ambas ocupaciones son un servicio a los demás. "Tanto en el hospital como con la Virgen hago lo mismo: ayudar a quien lo necesita".

Con humor, sin apartar la vista del ordenador donde tramita acreditaciones, Pedro cuenta que nació en Santa Cruz, en la antigua clínica Quibey (ahora Hospital Rambla). "Pero desde que nacimos vivimos en La Laguna, y toda la vida allí". "Amo La Laguna, es mi ciudad", añade, pero sin fanatismos: "No soy de los que se aferran a lo antiguo. Me gusta que La Laguna evolucione y esté al día". Vive en la calle Carrera y le encanta la mezcla de lo antiguo y lo nuevo: "Una ciudad abierta al mundo es que un edificio del siglo XVI pueda estar al lado de una arquitectura moderna".

Pedro está vinculado a la iglesia desde que estudiaba en el colegio de las Madres Dominicas en Geneto (La Laguna). "Fui de la primera promoción de chicos. Éramos siete u ocho entre más de cuarenta chicas". Recuerda a la profesora, la madre Consuelo, que con cariño y humor "decía que éramos los varones de Israel". Ahí empezó su fe.

Después del colegio no entró directamente a estudiar Medicina. "Fui biólogo por casualidad, porque no pude entrar en Medicina a la primera". Pedro empezó a estudiar Biología para luego cambiarse a Medicina, pero le gustó tanto que la terminó con dos especialidades: Biología Marina y Sanitaria. "La Biología Marina era mi hobby favorito", dice. Pero el sueño de ser médico no desaparecía.

No se rindió. Se fue a Italia, a la ciudad de Perugia, donde por fin pudo estudiar Medicina. "Siempre digo que España no me dejó estudiar Medicina e Italia sí". Aprendió italiano viendo los Juegos Olímpicos de Sídney en la cafetería de la residencia, hablando con los empleados en agosto, cuando no había clases.

Después de tres años en Italia, volvió a Canarias para terminar la carrera en la Universidad de La Laguna. "Ahí noté la diferencia. En Biología vivía la vida de estudiante, y en Medicina, la disciplina". Se licenció, hizo el examen MIR y en 2009 empezó la residencia en el Hospital Universitario de La Candelaria. "Terminé en 2013 y desde entonces trabajo en Urgencias. A veces digo que elegí Medicina porque amo la vida, incluso en los momentos más difíciles".

"Estoy muy a gusto en el hospital, aunque en Urgencias vemos mucho sufrimiento". Pedro habla pausado y tranquilo. Cree que la Medicina sin humanidad es una ciencia incompleta. "A veces el paciente pide que no le cuentes su enfermedad, sino que le preguntes cómo se siente". La empatía es su principal virtud. "Muchos pacientes y compañeros me dicen que siempre estoy bromeando en el hospital. Es mi forma de hacer más llevaderos los momentos duros".

Durante la pandemia, su carácter se puso a prueba. "Fue un momento muy duro. No podíamos tocar, abrazar. Pero intentaba hacerles sentir que estaba ahí, aunque no hubiera contacto físico".

Ahora enseña a los jóvenes médicos lo que no está en los libros: "Antes de mirar la historia clínica, mira a la persona. Cógele la mano, ponle la mano en el hombro si está llorando. Eso abre todas las puertas".

Su vinculación con la Virgen de Candelaria empezó en 1997, cuando visitó La Laguna. "Un grupo de personas de la parroquia de Santo Domingo de Guzmán ayudaba en la avenida de la Virgen, y me uní". Recuerda aquella primera vez como una aventura: "Decidimos llevar a la Virgen en ruedas por la cuesta de Machado. Renunciamos a la urna. Dijimos que nosotros podíamos llevarla a hombros".

Con cada visita, se involucró más. En 2009 ayudó activamente en la organización, y en 2018 fue el coordinador general. "El entonces obispo, Bernardo Álvarez, y Antonio Pérez Morales me propusieron seguir, y aquí estoy. Si consideran que soy apto, sigo".

Pedro dice que no se considera un jefe, sino una pieza más del engranaje. "Lo importante es el equipo. Un jefe sin equipo no es nadie, pero un equipo sin jefe tampoco".

Coordina un gran grupo: "El núcleo duro somos cinco o seis personas, pero en total somos unas trescientas, como en la película '300', siempre dispuestos a defender las murallas de la basílica", dice riendo. "Solo que nosotros no tenemos que defender las murallas, sino salir fuera de ellas".

Cree que la iglesia tiene que ser abierta. "Tenemos que mostrar fuera lo que creemos dentro. No se trata de ser mejores o peores, sino de manifestar el amor. Con la fe se hacen más cosas buenas que malas".

No se considera una persona demasiado religiosa. "En mi hermandad, la Hermandad de la Misericordia, hay dos Cristos: el Cristo de la Humildad y Paciencia y el Señor Difunto. No soy especialmente devoto de la Virgen, pero su imagen siempre me ha atraído. Es la madre de Jesús, y como madre, nos cuida".

"Estar en el hospital me enriquece con los pacientes, y estar con los voluntarios me enriquece con las personas. Todo tiene el mismo sentido", dice.

En las peregrinaciones le gusta estar entre la gente, escucharla, detenerse. "No es solo ir a un encuentro o hablar desde una tribuna. Es caminar al lado de otro voluntario, escuchar su vida, abrazarlo cuando está cansado. Nadie puede quedarse atrás", dice el médico que cuida de las personas tanto dentro como fuera del hospital.