Socorristas alertan sobre riesgo de aterrizajes de parapente en playa de Puerto de la Cruz

Socorristas alertan sobre riesgo de aterrizajes de parapente en playa de Puerto de la Cruz

Recurso: El Día

Socorristas de la playa Martiánez alertan sobre el peligro de los aterrizajes de parapente sin regulación, pidiendo una zona habilitada para evitar accidentes y garantizar la seguridad de bañistas y pilotos.

El cielo de la playa Martiánez, en Puerto de la Cruz, es hoy un punto de atención para socorristas y bañistas. Este año, un fallecido y varios aterrizajes fallidos en el agua y zonas cercanas han reavivado la preocupación por la falta de regulación de los aterrizajes en la costa.

Los profesionales que vigilan las playas insisten en que el problema no es la práctica en sí, sino el riesgo que conlleva aterrizar en un lugar que no tiene las condiciones adecuadas. "Los pilotos que vuelan aquí son profesionales, pero el problema no es el viento, sino que esta zona no es un punto de aterrizaje oficial y lo hacen encima de la gente", explica Nicolás Coll, socorrista con 22 años de experiencia en Martiánez.

Desde siempre, la playa se ha utilizado de forma informal como punto de aterrizaje, aunque no está habilitada para ello. En Puerto de la Cruz existe una zona asignada detrás del estadio El Peñón, pero muchos parapentistas terminan descendiendo en Martiánez, especialmente quienes despegan desde La Paz o Izaña. "Esto se ha hecho toda la vida, pero no significa que esté bien o que sea un lugar seguro", añade Sergio Abrante, socorrista con 19 años de servicio. La misma situación se da en Playa Jardín: el espacio para aterrizar está encima de los usuarios.

Dos parapentistas, que prefieren no dar su nombre, comparten esa opinión. Para ellos, sería "un sueño" contar con un espacio donde aterrizar sin molestar a nadie y aseguran que esa "zona perfecta" estaría detrás de El Peñón y el Centro de Deportes Acuáticos de Tenerife. "Es necesario que se regule la actividad para no molestar, porque aterrizar en una playa tan pequeña y con tanta gente es complicado", comentan.

Ambos socorristas coinciden en que no se trata de culpar a nadie, sino de prevenir. No creen que esta situación genere enemistad con los pilotos de parapente, pero reclaman seguridad "tanto para ellos, como para los socorristas y los bañistas". "Hay días en que vemos velas caer encima de la gente. Puede parecer una tontería, pero puede causar heridas o sustos graves, incluso infartos", subraya Coll.

Los socorristas señalan que en playas como El Socorro, en Los Realejos —donde también descendían encima de los bañistas—, el Ayuntamiento prohíbe el aterrizaje de parapentes mediante un bando, lo que permite a la Policía Local actuar si no se cumple. "Aquí no hay nada que regule la actividad, así que no se les puede sancionar aunque aterricen en medio de la playa", sentencian. Si se habilita la zona situada junto a El Peñón, se aplicaría una "solución real" a un problema que lleva años sin resolverse.

El riesgo de caída al agua también preocupa. En los últimos años ha aumentado el número de aterrizajes forzosos, algunos en lugares peligrosos como el acantilado, el túnel de la carretera del Este o la piscina natural de Laja de la Sal. "Hace unos meses, un parapente en tándem perdió altura y el piloto terminó agarrado a la pared de piedra de la piscina como un cangrejo. Por suerte, no pasó nada, pero no puede depender de la suerte", recuerda Coll.

La playa de Martiánez presenta una dificultad añadida: su tamaño reducido y la presencia de rocas hacen complicado habilitar un área segura de aterrizaje. Si sube la marea, la playa se queda aún más pequeña y "no hay espacio ni margen".

Los socorristas aseguran haber solicitado una reunión con el Ayuntamiento de Puerto de la Cruz para buscar una solución conjunta con la Federación de Parapente y la Policía Local. "A nosotros nos preocupa, porque cuando un parapente cae al mar cada segundo cuenta. Pero no podemos prevenirlo como hacemos con el mar: solo actuar cuando ya ha ocurrido", explican ambos.

Coll y Abrante insisten en que lo ideal es habilitar una zona adecuada. "No se trata de prohibir, sino de garantizar la seguridad", concluye Coll. "Aquí todos queremos lo mismo: que los pilotos puedan volar tranquilos y que los usuarios puedan disfrutar de la playa sin miedo a que algo caiga del cielo".