Playa de Antequera en Tenerife: un rincón paradisíaco para viajeros resistentes.

Playa de Antequera en Tenerife: un rincón paradisíaco para viajeros resistentes.

Recurso: El Día

La remota playa de Antequera en Tenerife, accesible solo a pie o por mar, ofrece naturaleza virgen y paisajes pintorescos, ocultando vestigios de su antigua popularidad.

Tenerife es una isla con un relieve particular. Aquí se encuentran tanto montañas escarpadas que se precipitan hacia el océano, como profundos barrancos que se extienden hasta la costa, y rocas volcánicas, como esculpidas por el fuego y el agua.

Gracias a esto, la costa de la isla es muy diversa. Junto a las playas urbanas, de fácil acceso, hay calas salvajes y escondidas. Para llegar a ellas, hay que caminar durante mucho tiempo por senderos empinados o llegar en barco.

Son lugares casi vírgenes, donde la arena negra se mezcla con la roca volcánica, y el Océano Atlántico impresiona por su pureza. Aquí se siente que en la isla todavía hay rincones secretos, lejos de las multitudes de turistas.

En el noreste de la isla, no muy lejos de Las Teresitas (en línea recta), pero en un mundo completamente diferente, se encuentra la playa de Antequera. Se puede llegar aquí solo a pie o por mar.

Está ubicada en el Parque Rural de Anaga, que es una reserva de la biosfera de la UNESCO. Aquí reina una atmósfera de "lugar fuera del tiempo": no hay carreteras, chiringuitos, socorristas... pero el agua es tan transparente que no es de extrañar por qué este lugar es tan apreciado por los turistas y los marineros locales.

Antequera se encuentra en la ladera sur del macizo de Anaga, en el término municipal de Santa Cruz de Tenerife, muy cerca del pueblo de Igueste de San Andrés.

Es un pequeño arco de arena volcánica de unos 400 metros de longitud, escondido entre rocas que lo aíslan del resto de la costa.

No se puede llegar en coche. Se puede llegar a pie por senderos de montaña o en barco desde Santa Cruz o San Andrés.

Para muchos habitantes de Santa Cruz, esta cala es un sueño. Su difícil acceso siempre ha sido un obstáculo, y muchos, incluso soñando con ello, nunca han estado aquí.

En los años 80, las excursiones organizadas en barco hicieron popular este lugar, pero luego se cancelaron. Y la playa volvió a ser un lugar para aquellos que tienen su propio barco, o para aquellos que están dispuestos a superar una difícil ruta de senderismo, que lleva más de tres horas.

En 2013 apareció un taxi acuático que te lleva desde San Andrés en 20 minutos. Durante el viaje se abren vistas maravillosas: playas de arena negra, como Las Gaviotas, cuevas con leyendas de piratas e hitos históricos, como el Semáforo de Igueste.

Hoy en día, solo unas pocas docenas de personas disfrutan cada día de esta arena volcánica.

Aquí quedan restos de un antiguo muelle y un interesante restaurante que, en los años 80, en pleno apogeo de la popularidad de la playa, preparaba paella. Pero llegar aquí no es fácil, requiere cierto esfuerzo físico.

Esta dificultad de acceso se compensa con una naturaleza casi virgen. La falta de comodidades se compensa con creces con la belleza del paisaje circundante. Y la preservación de este lugar depende de la responsabilidad de quienes lo visitan.

La vista desde el mar, con las majestuosas rocas de Anaga al fondo, ya merece el viaje.