
Pablo González debuta en el Concierto de Navidad de Puertos de Tenerife.
Pablo González dirigirá por primera vez a la Sinfónica de Tenerife en el XXXI Concierto de Navidad de Puertos de Tenerife este jueves, 25 de diciembre.
Pablo González (Oviedo, 1975) dirigirá este jueves, 25 de diciembre, a la Sinfónica de Tenerife en el XXXI Concierto de Navidad de Puertos de Tenerife. Es la primera vez que el director asturiano estará al frente de la orquesta en este tradicional concierto navideño, que se celebra en el puerto de Santa Cruz.
González fue director titular y asesor artístico de la Orquesta Sinfónica de RTVE (2019-2023), y antes director musical de la Orquestra Sinfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya (2010-2015). Actualmente, es el director principal invitado de la orquesta de la Isla para la temporada 2025-2026. Su debut en este puesto fue el 19 de septiembre, con un programa dedicado a Serguéi Rajmáninov (Rapsodia sobre un tema de Paganini, op. 43) y Gustav Mahler (Sinfonía nº 1 en re mayor, Titán). El 12 de junio clausurará la temporada con Ludwig van Beethoven (Concierto para violín en re mayor, op. 61) y de nuevo Mahler (Sinfonía nº 4 en sol mayor). Además, dirigirá dos conciertos de la Sinfónica en enero, dentro del 42º Festival de Música de Canarias.
Esta entrevista trata sobre la orquesta de Tenerife, su experiencia dirigiéndola y el próximo Concierto de Navidad. Pero durante la charla, el director ovetense también explica cómo entiende el diálogo constante entre la batuta y los instrumentos para transformar las partituras en sonidos de la mejor manera posible. Un objetivo donde la confianza, subraya, es fundamental.
-El jueves dirige a la Sinfónica en el Concierto de Navidad de Puertos de Tenerife. ¿Qué desafíos tiene un concierto al aire libre como este? “Hay que tener en cuenta muchos factores. Es un concierto muy tradicional en la Isla. Como vengo de fuera, lo primero que hice fue informarme sobre lo que se ha hecho en otras ediciones y lo que el público espera. A partir de ahí, hemos intentado crear una propuesta atractiva, con música muy variada, ideal para escuchar al aire libre y pensando también en que se retransmitirá por televisión. Hemos elegido un programa que podríamos llamar de ‘danzas del mundo’, donde la música inspirada en el baile es la protagonista. Es muy bonito y tenemos muchas ganas de compartirlo”.
-Desde septiembre es el director principal invitado de la orquesta, con un total de ocho conciertos de la temporada de abono. ¿Cómo describiría la experiencia desde el primer programa que dirigió este año hasta ahora? “Estoy muy contento con todo lo que hemos hecho hasta ahora. El balance es muy positivo. Además, era algo que esperaba: si quise venir a Tenerife como director principal invitado es porque confiaba mucho en que lo que la orquesta y yo haríamos juntos sería muy especial. Y de momento, así está siendo. Tengo muy buenas sensaciones, tanto con la orquesta como con el público de la Isla. En resumen, estoy muy ilusionado con todo lo que nos queda por delante y muy satisfecho con lo que ya hemos logrado”.
-¿Cómo es hoy la Sinfónica de Tenerife? “Es una orquesta muy versátil y con gran flexibilidad. Sus músicos se entregan mucho en los conciertos, pero también prestan mucha atención a los detalles y se exigen un nivel muy alto durante los ensayos. Es una orquesta muy profesional y con un nivel artístico muy alto. La verdad es que es un lujo poder trabajar con la Sinfónica de Tenerife”.
-¿Qué diferencias encuentra entre ser director invitado de varias orquestas y ser director titular de una? “Ser director titular de una orquesta te permite liderar y planear un proyecto artístico, al menos a medio plazo. La labor de un director invitado, en cambio, es diferente y se limita a una o varias propuestas musicales dentro de una temporada. En cualquier caso, ambas formas comparten la manera de preparar los conciertos durante los ensayos. La única diferencia está en el diseño de un proyecto a largo plazo y, por supuesto, en una serie de decisiones artísticas que tienen mucho más peso cuando eres el director titular de la orquesta”.
“La Sinfónica de Tenerife es muy versátil, de mucha entrega y atención al detalle; para mí es un lujo poder trabajar con ella”
-¿Cómo sería una temporada ideal para usted? ¿Qué compositores y obras son imprescindibles y necesita dirigir con cierta regularidad? “Como director, tengo un repertorio muy variado y me gusta que sea así. Busco un equilibrio entre distintos estilos. Más que de obras imprescindibles, en mi caso hablaría de estilos. Cada temporada me gusta incluir clasicismo y romanticismo temprano. También me gusta mucho dirigir música rusa y estrenar obras contemporáneas. En cada temporada intento hacer alguna ópera o, al menos, alguna composición vocal… No podría elegir un solo compositor sin el que no podría vivir, porque son muchos. Lo que ocurre es que, como son tantos, si por ejemplo estoy dos años sin dirigir a Mahler, un autor al que adoro, hay otros compositores que me harán muy feliz hasta que vuelva a él. Lo mismo me ocurre con Brahms, con Chaikovski y con Berlioz. Tenemos mucha suerte, porque contamos con una gran cantidad de música hermosa para interpretar”.
-Usted tiene formación como actor. ¿Cómo influye esa experiencia en la dirección musical? “Subir a un escenario, ya sea como músico o como actor, implica una conciencia corporal y una comunicación con el público. Asumir y desarrollar esa perspectiva amplía las posibilidades de comunicación con quienes ven la propuesta artística. Con eso no quiero decir que dirija de forma diferente por haber hecho teatro o cine, sino que sí creo que de alguna manera me ayuda a tener más en cuenta al público. En la educación musical se busca mucho la excelencia en un lenguaje que es abstracto, pero el actor tiene una comunicación con el público de naturaleza diferente. Tampoco diría que es mejor ni peor, sino distinta. Es algo que me parece muy interesante. Como músico, siento que la experiencia de haber tenido un contacto diferente con el público ha sido enriquecedora”.
“Mucho más de lo que puedas decir como director, es esencial que haya un marco de confianza grande con los músicos”
-Los ensayos de una partitura con una orquesta no suelen ser muy largos. Teniendo esto en cuenta, ¿qué aspectos considera esenciales en ese diálogo entre el director y los músicos? “Es muy importante que esa relación se base en la confianza. Más allá de lo que puedas decir como director o hacer con tu lenguaje corporal, es fundamental que esa vía de comunicación esté totalmente abierta. Si es así, ya sea con el lenguaje físico o con las indicaciones que das durante los ensayos, por lo general todo fluirá de forma muy natural. Pero si la confianza no es grande, por muy buen director que seas, por muy fantásticas que sean tus ideas y por muy depurada que sea tu técnica, el resultado no funcionará. La complicidad con el grupo es siempre esencial”.
-¿Y qué aprende de esa conversación con los músicos y qué intenta transmitirles? “Siempre aprendes muchas cosas. Cuando vas a un ensayo, llevas una idea de cómo quieres interpretar una obra y en el proceso te encuentras con sorpresas. La mayoría son agradables. Por ejemplo, llega un solo de clarinete y el músico te presenta algo que a ti no se te había ocurrido. En ese mismo momento dices: ‘¡Guau, esto me gusta mucho más que la idea que yo tenía!’. El aprendizaje es continuo, porque es un intercambio. Un diálogo en el que cada uno aporta ideas y visiones, y eso es muy bonito, sobre todo en el ámbito profesional”.
“Un concierto es una experiencia emocional que nos hace conectar con lo que somos como seres humanos”
-¿Qué diferencias encuentra entre el Pablo González que empezaba a dirigir y el que ahora toma la batuta? ¿Cómo ha evolucionado? “Tengo 30 años más que cuando empecé a dirigir y, como me dijeron de joven, el oficio de director de orquesta es una carrera de fondo. Lo que noto es que todo este tiempo me ha dado más serenidad y confianza en lo que hago, pero también una mayor apertura hacia lo que el grupo con el que trabajo me ofrece. Es inevitable que cuando un director joven empieza, ponga un énfasis excesivo en desarrollar su visión. En creer que la idea que tiene en la cabeza, por ejemplo, de una pieza de Beethoven, está esculpida en mármol y hay que llevarla hasta el final. Al fin y al cabo, es una forma de establecer tu ego como director. Quizás es necesario pasar por esa etapa, igual que los bebés tienen una fase de afirmación del yo en la que dicen a todo que no. Sin embargo, con los años, como director empiezas a abrirte. Tu voz se vuelve más real, más reconocible y, por lo tanto, debes hacer menos esfuerzo para sacarla y mucho menos aún para buscarla. Así que, en lugar de poner énfasis en esa visión personal, yo he sentido una apertura. Cuando llego a un primer ensayo, tengo una visión clarísima de lo que voy a hacer con la Novena de Beethoven, por ejemplo, pero a la vez estoy abierto, tengo cierta flexibilidad para buscar otras maneras. Eso también repercute en que, al final, ese margen de confianza con los músicos del que hemos hablado sea mayor. Así que, por un lado, tienes una visión muy clara, pero, por el otro, no hay rigidez en el objetivo de llevar el proyecto a buen puerto”.
-Imaginemos que tiene que invitar a un joven que nunca ha ido a un concierto o una ópera en directo al Auditorio de Tenerife… “Le diría que viniera a escucharnos porque le va a encantar y, sin duda, querrá repetir. La vibración que se siente en una sala de conciertos, con una orquesta tocando músicas tan maravillosas como las que interpretamos en la Sinfónica de Tenerife, es algo que conmueve a todo el mundo. No conozco a nadie que haya ido a un concierto y se haya quedado indiferente. Es una experiencia profundamente humana, que nos hace sentir muchísimas emociones y nos ayuda a conectar con lo que somos como seres humanos. Así que no me cansaría de animar a los más jóvenes a experimentarla”.