
Más de 1.100 artistas exigen a la UER el veto a Israel en Eurovisión
Más de 1.100 profesionales de la industria musical han suscrito un manifiesto exigiendo a la UER el veto a la radiotelevisión israelí en Eurovisión, denunciando una disparidad de criterios respecto a la exclusión de Rusia y la crisis humanitaria en Gaza.
La presión sobre la Unión Europea de Radiodifusión (UER) ante la próxima edición del Festival de Eurovisión ha alcanzado un nuevo punto de inflexión. Según recoge Europa Press, un colectivo que agrupa a más de 1.100 profesionales de la industria musical ha suscrito un manifiesto exigiendo el veto a la radiotelevisión pública israelí (KAN). Esta movilización, articulada bajo la plataforma Music for Genocide, cuestiona la coherencia institucional del certamen al contrastar el trato dispensado a la delegación rusa en 2022 con la actual permanencia de Israel en la competición.
El documento, que cuenta con el respaldo de figuras internacionales de la talla de Brian Eno, Massive Attack, Sigur Rós, Idles, Primal Scream, Hot Chip, Erika de Casier, Macklemore y el grupo Kneecap, denuncia lo que consideran una normalización de la situación en Gaza y Cisjordania. La representación española también se ha hecho eco de esta demanda, sumando 32 nombres del panorama nacional, entre los que destacan Blanca Paloma y Rapsusklei.
El núcleo de la crítica reside en la disparidad de criterios aplicada por la UER. Los firmantes sostienen que, mientras que la exclusión de Rusia se justificó en su momento para proteger la reputación del festival, la continuidad de Israel ignora las acusaciones de limpieza étnica y ocupación territorial que el colectivo denuncia. En este sentido, la carta abierta subraya la incompatibilidad ética de participar en un evento que, a su juicio, ignora la gravedad de la crisis humanitaria actual, llegando a cuestionar la viabilidad moral de asistir a la 70ª edición del concurso, prevista para celebrarse en Austria.
Más allá de la protesta, el movimiento celebra las decisiones previas de diversas emisoras públicas —incluyendo las de España, Irlanda, Islandia, Eslovenia y los Países Bajos— que han optado por desvincularse de la cita por motivos de principios. Asimismo, el manifiesto pone el foco en la postura de ciertos finalistas que han declinado su asistencia como medida de presión. Este episodio pone de relieve la creciente tensión entre la neutralidad política que históricamente ha intentado preservar el festival y las demandas de una parte significativa de la comunidad artística, que exige que la organización asuma una postura activa frente a los conflictos geopolíticos que marcan la actualidad internacional.