
La Piedad regresa a San Francisco tras 75 años y se inaugura retablo restaurado
La imagen de Nuestra Señora de La Piedad regresa a la iglesia de San Francisco tras 75 años, coincidiendo con la inauguración de su retablo del siglo XVIII recién restaurado.
Setenta y cinco años después de llegar a Puerto de la Cruz, la imagen de Nuestra Señora de La Piedad regresa a la iglesia de San Francisco. Allí fue bendecida poco antes de la Semana Santa de 1950, tras ser comprada en Barcelona por Juan Hernández Estévez, un maestro muy devoto. Desde San Francisco, la imagen fue llevada en procesión a la capilla del Calvario, donde ha permanecido y es venerada desde entonces.
Ahora, la visita será a la inversa. La Piedad saldrá de su capilla para ir a San Francisco, donde llegará el sábado por la noche. Permanecerá allí hasta el domingo 16 de noviembre, día en que se celebrará una misa y se inaugurará y bendecirá el retablo, que ha sido restaurado recientemente. La ceremonia comenzará a las 20:00 horas. Al terminar, La Piedad volverá en procesión a su capilla por las calles San Juan, Quintana, Agustín de Betancourt, Santo Domingo, la Marina, el costado norte de la plaza del Charco, San Felipe, Pérez Zamora y Mequinez. Le acompañarán, entre otros, la hermandad del Santísimo Cristo del Calvario y la Virgen de la Piedad, fundada en 1955, que fue la primera de la orden de los Capuchinos en la ciudad.
"No hay registro ni escrito ni en la memoria de la gente de cuánto tiempo estuvo la imagen en San Francisco", comentó Ángelo Nardone, el cura encargado de esta iglesia. Él, junto a Jojo Neyssery Lonunkatty, párroco de la Iglesia de La Peñita, y un gran equipo de voluntarios de cofradías y hermandades, han organizado esta visita. También colaboraron el historiador del arte Jesús Rodríguez y el restaurador Pablo Torres, del equipo Estudio 5, encargados de la compleja restauración del retablo, que se encontraba muy deteriorado.
Un día, se cayó un trozo de la ménsula del lado derecho, donde está la imagen de San Juan Bautista. Esto alertó a los miembros de la cofradía de la Vera Cruz y Misericordia, no solo por el riesgo de perder la imagen, sino también por el peligro que suponía. Le comunicaron su preocupación a Nardone, quien calificó la restauración de "urgente".
El trabajo, que comenzó hace año y medio, fue muy duro y lleno de dificultades, sin una documentación clara. Rodríguez y Torres explicaron que tuvieron que deducir muchas cosas a medida que avanzaba la restauración, ya que el retablo "iba hablando". Trabajaron a la vez para documentar todo el proceso.
Además, fue necesario dialogar con técnicos del Gobierno de Canarias, el Cabildo de Tenerife y el Obispado para llegar a un acuerdo. "Nos encontramos con un retablo del siglo XVIII, de escuela canaria, con una imagen desvirtuada, es decir, sin coherencia entre lo que se veía y lo que debería ser una pieza de esa época y escuela", explicó Torres. Unas pruebas permitieron determinar el color original y "desenmascarar" la historia del retablo.
El retablo se construyó a mediados del siglo XVIII, reemplazando a uno anterior del siglo XVII. En la hornacina central se encuentra el Cristo de la Misericordia junto a la Virgen de Dolores, obra de Francisco Liza. A la derecha está San Juan Bautista, la imagen más antigua de la iglesia (1608), del sevillano Andrés de Ocampo, original del convento. A la izquierda, San Francisco de Asís, por ser un templo franciscano. En la parte superior está la Inmaculada.
El retablo se construyó en una época de dificultades económicas para el convento, y tras su desamortización en el siglo XIX, nunca se llegó a dorar, quedando con el color de la madera. Se realizaron intervenciones posteriores para intentar darle un aspecto final y uniforme. La realizada en el siglo XX fue muy criticada porque "fue hecha sin ningún tipo de rigor histórico ni proyecto y perjudicó la obra", señaló Rodríguez.
Gracias a la intervención reciente, se descubrieron aspectos nuevos, como unas líneas que indican que iba a ser decorado pero no se terminó.
Entre los principales problemas encontrados, había una variedad de materiales, restos de instalaciones eléctricas de distintas épocas, cables de cobre envueltos en plomo, otros de tela, ladrillo, cemento, cal y arena, e incluso dos esqueletos de gatos. La pared donde está sujeto el retablo también presentaba inconvenientes.
El equipo Estudio 5 contó con la memoria colectiva. "Nos contaban que cuando la iglesia estuvo en manos de los misioneros del Sagrado Corazón de María, se arregló el retablo, todos lo conocían de color blanco y, basándonos en eso, fuimos trabajando y cotejando la restauración con la historia y la documentación", destacaron.
Durante todo el proceso, los visitantes de la iglesia pudieron observar los trabajos. A medida que se terminaban partes del retablo, se iban descubriendo, pero será este domingo cuando se vea en todo su esplendor.
La cofradía de la Vera Cruz y Misericordia se encargará de su mantenimiento. Esto implica estar "vigilantes" para actuar rápidamente ante posibles plagas de insectos y limpiar el polvo que genera humedad. En resumen, limpiar y cuidar un bien que ha sido recuperado con mucho esfuerzo, incluyendo el sagrario, y que a partir de ahora enriquece aún más el templo.