El cordón trenzado del Valle de La Orotava, a un paso de ser declarado Bien de Interés Cultural

El cordón trenzado del Valle de La Orotava, a un paso de ser declarado Bien de Interés Cultural

Recurso: El Día

El Consejo de Patrimonio Cultural ha emitido un dictamen favorable para declarar el cordón trenzado del Valle de La Orotava como Bien de Interés Cultural, protegiendo así esta técnica vitivinícola única en el mundo.

El Valle de La Orotava se encuentra a un paso de blindar legalmente una de sus señas de identidad más singulares. Tal y como ha trascendido recientemente, el Consejo de Patrimonio Cultural ha emitido un dictamen favorable para declarar el cordón trenzado como Bien de Interés Cultural (BIC) en la categoría de patrimonio inmaterial. Este respaldo institucional culmina dos décadas de esfuerzos coordinados por los consistorios de La Orotava, Puerto de la Cruz y Los Realejos, con el objetivo de preservar una técnica de conducción de la vid que es, a día de hoy, un caso único en el panorama vitivinícola mundial.

Más allá de su valor etnográfico, este sistema de cultivo representa una respuesta histórica a las necesidades de subsistencia en las islas. Tradicionalmente, el cordón trenzado permitía una gestión eficiente del terreno mediante el policultivo, dejando libre el espacio central de las parcelas para la siembra de hortalizas y tubérculos. Técnicamente, se trata de una conducción a pie franco —sin injertos— donde la madera de la parra se entrelaza y se guía de forma forzada. Si bien en sus orígenes se apoyaba en horquetas de brezo, la técnica ha experimentado una evolución necesaria para adaptarse a la viticultura contemporánea.

La modernización del sistema, impulsada a finales de los años noventa en colaboración con la Universidad Rovira i Virgili, ha permitido una disposición más vertical de la masa vegetal. Esta adaptación no solo facilita las labores de mantenimiento, sino que optimiza la exposición solar y la aireación del fruto, reduciendo significativamente la incidencia de patologías fúngicas como el oidio o la botritis. Este equilibrio entre la herencia ancestral y la eficiencia agronómica es lo que familias de larga tradición, como los responsables de la bodega Tajinaste, defienden como un elemento diferenciador de su producción.

La posible declaración como BIC no solo supone un reconocimiento al legado cultural, sino que se plantea como una herramienta estratégica para garantizar el relevo generacional en un sector marcado por la dureza del trabajo de campo. Para los viticultores locales, la viabilidad económica sigue siendo el principal desafío para asegurar la continuidad de estas prácticas. Mientras que bodegas como Tajinaste diversifican su producción combinando el cordón trenzado con sistemas de espaldera para distintas variedades —desde la malvasía hasta el vijariego—, el cordón trenzado permanece como el eje vertebrador de su identidad, aportando un carácter singular que, según los expertos, resulta irreemplazable en la configuración del paisaje agrario tinerfeño.