
Un estudio del IAC revela que las galaxias crecen de forma súbita y duplica el tamaño de Messier 74
Un estudio liderado por el Instituto de Astrofísica de Canarias revela que la galaxia Messier 74 es el doble de grande de lo que se pensaba, desafiando los modelos tradicionales sobre el crecimiento galáctico al demostrar que estas estructuras pueden expandirse de forma súbita y violenta.
La astrofísica contemporánea se enfrenta a un cambio de paradigma tras la publicación de un estudio liderado por el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), que desafía los modelos tradicionales sobre el crecimiento galáctico. Según recoge la investigación difundida este lunes, la evolución de las galaxias no responde necesariamente a un proceso gradual y pausado, sino que puede experimentar episodios de expansión súbita y violenta, un fenómeno que hasta ahora había pasado desapercibido para la comunidad científica.
El objeto de este análisis es la galaxia espiral Messier 74 (M74), un referente en la observación astronómica que ha revelado una estructura inesperada. Gracias al uso del Transient Survey Telescope (TST), un instrumento robótico de un metro de apertura ubicado en el Observatorio del Teide y gestionado por LightBridges, el equipo investigador ha logrado captar detalles que superan la capacidad de resolución de catálogos históricos como el Sloan Digital Sky Survey. La clave del éxito ha residido en la combinación de una óptica de gran campo con algoritmos avanzados de procesamiento de datos, capaces de aislar regiones de brillo superficial extremadamente bajo.
Los datos obtenidos demuestran que M74 posee un disco exterior de estrellas jóvenes, con una antigüedad media de 640 millones de años, que extiende el radio total de la galaxia hasta los 100.000 años luz. Esta cifra duplica las dimensiones que se le atribuían históricamente —cifradas en 45.000 años luz— y sitúa el crecimiento de esta periferia en un periodo inferior a los mil millones de años, un intervalo de tiempo inusualmente breve en términos cosmológicos.
Ignacio Ruiz, investigador principal del IAC, subraya la relevancia de este hallazgo al identificar un componente azulado en los confines de la galaxia que había permanecido oculto. La hipótesis que maneja el equipo científico para explicar este fenómeno apunta a una interacción gravitatoria con la galaxia UGC 1176, situada a unos 400.000 años luz, cuya proximidad habría desencadenado una formación estelar masiva y acelerada.
Este descubrimiento no solo altera el mapa anatómico de Messier 74, sino que invita a reconsiderar la historia del universo cercano. Ignacio Trujillo, coautor del trabajo, sugiere que estos "estirones" galácticos podrían ser una constante en la evolución del cosmos, aunque su detección haya sido limitada por la falta de sensibilidad instrumental previa. Por su parte, Miquel Serra-Ricart destaca la capacidad de los telescopios de pequeño formato para liderar descubrimientos de vanguardia, anticipando que la búsqueda de estas estructuras periféricas será una prioridad con la entrada en funcionamiento de infraestructuras de gran escala, como el Telescopio Vera Rubin. La investigación marca, en definitiva, un punto de inflexión en la metodología observacional, demostrando que la tecnología actual permite desvelar "estructuras fantasma" que reescriben nuestra comprensión sobre la formación de los sistemas estelares.