
Carlos García rescata del olvido a figuras clave de la historia cultural de Tenerife
El investigador Carlos García rescata la memoria histórica de Tenerife con dos nuevas monografías dedicadas a recuperar las figuras del artista Benjamín Sosa y Lugo y del militar y fotógrafo Mariano Murga Villalonga.
La labor de recuperación de la memoria histórica local en Canarias ha cobrado un nuevo impulso gracias a la reciente labor investigadora de Carlos García, médico y exintegrante de Los Sabandeños. Tal y como recoge el diario El Día, el autor ha presentado dos monografías que rescatan del olvido a figuras clave en la configuración cultural y social de Tenerife: el artista Benjamín Sosa y Lugo y el militar y fotógrafo Mariano Murga Villalonga. Este ejercicio de rescate biográfico, respaldado por el Ayuntamiento de La Laguna, subraya la importancia de documentar trayectorias que, pese a su relevancia en el tejido cotidiano de la isla, habían permanecido en una suerte de penumbra historiográfica.
El análisis de la figura de Benjamín Sosa y Lugo (1882-1960) permite comprender la versatilidad de los artesanos de principios del siglo XX. Más allá de la pintura de caballete, su legado se extiende a la restauración, la decoración mural y la creación de alfombras para el Corpus Christi en La Laguna y La Orotava. Su huella es rastreable en espacios emblemáticos como el Teatro Leal, diversas iglesias de La Orotava y una capilla en la calle Anchieta. La investigación, que se apoya en testimonios directos como los de su nieto, Alejandro Togores, pone de relieve una producción artística dispersa que García comenzó a catalogar tras sus estudios previos sobre el Cristo de La Laguna.
Por otro lado, la figura de Mariano Murga Villalonga (1878-1920) ofrece una ventana privilegiada a la vida social y militar de la capital tinerfeña a principios del siglo pasado. Militar de Caballería y ayudante de campo de seis capitanes generales, Murga destacó por su faceta como fotógrafo aficionado. Su archivo, custodiado por su descendiente Guillermo de la Barreda, no solo documenta la jerarquía castrense de la época, sino que incluye un hallazgo de valor técnico excepcional: algunas de las primeras imágenes en color registradas en el archipiélago, datadas entre 1915 y 1916.
La relevancia de estas publicaciones radica en la capacidad de García para conectar la historia de las instituciones —como el Real Club Náutico o el Círculo de Bellas Artes— con la biografía de individuos que, desde una posición de aparente discreción, articularon la identidad de la sociedad tinerfeña. Con más de treinta obras publicadas, el autor reafirma su compromiso con el folclore y la historia local, transformando archivos privados y placas de vidrio en un relato público que permite a los ciudadanos actuales reconocer las raíces de su entorno urbano y cultural.