
Descubren una valiosa biodiversidad de cetáceos en la costa norte de Tenerife que exige mayor protección ambiental
Una investigación científica ha revelado una biodiversidad marina excepcional en la costa norte de Tenerife, confirmando la presencia de una población residente de calderones grises y otras especies protegidas que exige una revisión urgente de las políticas de conservación en la zona.
La costa norte de Tenerife, históricamente relegada a un segundo plano en la investigación oceanográfica debido a su compleja meteorología, ha revelado una biodiversidad marina de valor incalculable. Según los datos recabados por la investigadora Badosa, cuya labor científica ha permitido cartografiar por primera vez la presencia de cetáceos en este litoral, la zona alberga una población residente de calderones grises, un hallazgo que pone de relieve la necesidad de revisar las políticas de protección ambiental en el archipiélago.
El origen de este seguimiento se remonta a 2021, cuando el Cabildo de Tenerife impulsó una evaluación ambiental vinculada al proyecto de un nuevo muelle en Puerto de la Cruz. Lo que comenzó como un análisis técnico puntual derivó en una investigación científica sostenida que ha logrado identificar 11 especies de cetáceos en aguas septentrionales, superando con creces las seis detectadas en la fase inicial. Entre los ejemplares avistados destacan el zifio de Cuvier, el cachalote, el calderón tropical, la cogia y, de manera excepcional, la orca.
El estudio del calderón gris, una especie de hábitos profundos y cosmopolitas, ha sido el eje central de este trabajo. Mediante la creación de un catálogo de fotoidentificación basado en las marcas y cicatrices de las aletas dorsales —huellas biológicas únicas para cada individuo—, se han registrado 143 ejemplares en el norte de la isla. De este grupo, 71 individuos presentan un comportamiento de residencia, al haber sido avistados de forma recurrente durante al menos dos años y en diversas estaciones, lo que confirma que el área constituye un hábitat crítico para su alimentación, reproducción y cría.
La relevancia de estos hallazgos trasciende el ámbito académico, situando a la costa norte en una posición de vulnerabilidad ante el desarrollo de infraestructuras. La presencia confirmada de especies protegidas por la Directiva Hábitats de la Unión Europea, como el delfín mular y la tortuga boba, exige una planificación territorial rigurosa. La experiencia previa en el suroeste de la isla, donde se han documentado niveles de cortisol elevados en cetáceos expuestos a una mayor presión antrópica, sirve como advertencia sobre los riesgos de la contaminación acústica, el tráfico marítimo y la alteración de los ecosistemas locales.
En un contexto donde la conservación marina es una prioridad legislativa, la labor de Badosa y su equipo no solo ha abierto una nueva línea de estudio en una zona inexplorada, sino que proporciona la base técnica necesaria para fundamentar futuras figuras de protección. La transición de una costa ignorada por la ciencia a un área de alto valor ecológico subraya la urgencia de integrar la educación ambiental y la investigación científica en la toma de decisiones sobre el litoral canario.