
Una investigación revela la compleja estructura social de la esclavitud en Tenerife entre los siglos XVII y XIX
Una nueva investigación académica revela la compleja estructura social y familiar de la población esclavizada en Tenerife entre los siglos XVII y XIX, destacando la heterogeneidad demográfica y el papel de las mujeres en la gestión de la supervivencia doméstica.
La historiografía reciente sobre el pasado colonial español ha dado un paso fundamental para comprender las dinámicas sociales de la esclavitud en el archipiélago canario. Tal y como recoge una investigación publicada por Ediciones Universidad de Salamanca, los académicos Paula Barbero (Universidad de Santiago de Compostela) y Pablo Molejón (CSIC) han arrojado luz sobre la estructura familiar y doméstica de las personas esclavizadas en Tenerife entre los siglos XVII y XIX, un ámbito que, hasta la fecha, había quedado relegado a un segundo plano frente a los estudios puramente económicos sobre el comercio de azúcar o el tráfico de personas.
El análisis, que combina el examen de protocolos notariales con el estudio pormenorizado de los padrones de habitantes, revela una realidad mucho más heterogénea de lo que la historiografía tradicional sugería. Lejos de ser un bloque uniforme, la población esclavizada en la isla presentaba una composición demográfica marcada por la juventud —con una presencia significativa de menores de catorce años— y una distribución de género que variaba según el entorno: mientras que en las zonas rurales existía una paridad entre hombres y mujeres, en los núcleos urbanos predominaba el sector femenino, vinculado estrechamente al servicio doméstico.
Uno de los hallazgos más reveladores del estudio se centra en la Casa Fuerte de Adeje, enclave que albergó el último ingenio azucarero de la isla. En este punto, la investigación documenta la existencia de barracones donde la precariedad habitacional forzaba una convivencia compleja. En estos espacios, la línea divisoria entre estatus jurídicos se difuminaba, al compartir techo personas esclavizadas, libertas y trabajadores asalariados. Resulta especialmente relevante la identificación de hogares feminizados, donde mujeres esclavizadas, en ocasiones, ejercían como jefas de grupo, gestionando la supervivencia de unidades familiares extensas en un sistema que, por norma general, heredaba la condición de servidumbre de madres a hijos.
Este trabajo académico permite matizar la posición de Canarias como nodo atlántico. La isla no solo funcionó como un punto de tránsito hacia América, sino que desarrolló un modelo híbrido de esclavitud que integraba tanto la servidumbre urbana, propia de la Península, como las dinámicas de plantación más rígidas. La posesión de esclavos, lejos de ser un mero hecho económico, funcionaba como un marcador de estatus para las élites locales, integradas por clérigos, militares y comerciantes.
Finalmente, el estudio subraya que, aunque la manumisión existió, esta fue una excepción supeditada a la voluntad del propietario o a vínculos afectivos forjados tras décadas de servicio. La mayoría de los individuos permanecieron bajo el yugo esclavista durante toda su vida, una realidad que solo comenzó a desvanecerse en la primera mitad del siglo XIX, tras un lento declive que se inició en el siglo XVIII, marcando el fin de un sistema que, durante siglos, fue un engranaje esencial en la economía y la estructura social de Tenerife.