Un mural en Los Realejos rinde homenaje al drago bicentenario perdido tras el temporal

Un mural en Los Realejos rinde homenaje al drago bicentenario perdido tras el temporal

Recurso: El Día

El artista Adán Pérez Farráis ha creado un mural de 12 metros en el barrio de San Francisco de Los Realejos para homenajear a un drago bicentenario derribado por el temporal y recuperar así un símbolo clave de la identidad vecinal.

La pérdida de patrimonio natural en entornos urbanos suele dejar un vacío difícil de llenar, pero en Los Realejos, la memoria colectiva ha encontrado un nuevo soporte. Tal y como recoge la información publicada recientemente sobre la intervención artística en el barrio de San Francisco, la desaparición de un ejemplar de drago bicentenario —abatido por el temporal Regina en marzo de 2026— ha dado paso a una reinterpretación visual que busca mitigar el impacto emocional de su ausencia.

El proyecto, ejecutado por el artista local Adán Pérez Farráis, trasciende la mera ornamentación para convertirse en un ejercicio de recuperación histórica. La obra, que ocupa una superficie de 12 metros de altura por 6 de ancho, fue impulsada por el consistorio municipal en respuesta a la demanda vecinal, que identificaba al árbol como un eje vertebrador de la identidad del barrio. La ejecución técnica supuso un desafío logístico considerable: la orografía del terreno, caracterizada por una pendiente pronunciada, obligó al autor a emplear una grúa para garantizar la precisión del realismo que define su estilo, descartando el uso de andamios convencionales que habrían limitado la perspectiva global del mural.

Más allá del resultado estético, la intervención destaca por el complejo proceso de adecuación del soporte. La fachada, que presentaba una textura rugosa tipo tirolina, requirió una fase previa de saneamiento, lijado y tratamiento de imperfecciones, además de la aplicación de una base de pintura plástica de alta calidad. El consumo de materiales, cifrado en 15 litros de pigmento azul solo para el fondo, ilustra la dificultad de trabajar sobre superficies granulares, donde la absorción y la necesidad de una cobertura uniforme exigen una técnica depurada.

Este mural se suma a la trayectoria de Pérez Farráis, quien ha consolidado su carrera profesional tras más de una década de dedicación al arte urbano. Su evolución, desde una etapa autodidacta iniciada en la adolescencia hasta el reconocimiento institucional —evidenciado en trabajos previos como el homenaje al párroco Antonio Hernández Oliva—, refleja la creciente legitimación del grafiti y el muralismo como herramientas de cohesión social. Para los residentes de San Francisco, la imagen del drago sobre el cemento no solo recupera un referente visual, sino que actúa como un elemento de continuidad generacional, devolviendo al paisaje urbano un símbolo que, durante décadas, funcionó como punto de encuentro y testigo de la vida cotidiana del municipio.