La historia oculta de la electrificación en Canarias: entre resistencias y pioneros insulares

La historia oculta de la electrificación en Canarias: entre resistencias y pioneros insulares

Recurso: El Día

El libro La prehistoria del alumbrado y de la electricidad en Canarias, de Antonio Salgado, revela cómo la electrificación del archipiélago fue un proceso desigual y conflictivo, marcado por la resistencia de los sectores tradicionales y el liderazgo pionero de La Palma frente a las capitales.

La transición hacia la modernidad energética en Canarias no fue un proceso lineal ni exento de conflictos, sino una crónica marcada por la resistencia económica y la disparidad insular. Tal y como recoge el libro La prehistoria del alumbrado y de la electricidad en Canarias, una recopilación de artículos del escritor Antonio Salgado, la llegada de la luz eléctrica a las islas estuvo condicionada por intereses comerciales que intentaron frenar el progreso tecnológico mediante campañas de desinformación.

El estudio, que compila investigaciones publicadas originalmente en el suplemento La Prensa del diario El Día, arroja luz sobre una realidad histórica poco conocida: la capital tinerfeña no fue el epicentro de la electrificación en el archipiélago. De hecho, La Palma se posicionó como pionera en 1893, aprovechando el potencial hidráulico de la Caldera de Taburiente. Este avance temprano en una isla de reducida demografía contrastó con la situación en Santa Cruz de Tenerife, donde el uso de combustibles fósiles, como el petróleo y el aceite, estaba fuertemente arraigado.

Salgado, quien desarrolló su carrera profesional en la antigua Unelco, documenta cómo los sectores económicos vinculados a la iluminación tradicional llegaron a difundir bulos sobre los supuestos riesgos para la salud que conllevaba la electricidad, con el fin de proteger sus cuotas de mercado. Mientras en la capital tinerfeña la vida nocturna dependía de la labor manual de los faroleros —quienes debían encender los puntos de luz de forma individual—, la electricidad se abría paso de manera fragmentada. Fue en 1897 cuando el alumbrado público llegó finalmente a Santa Cruz, aunque previamente ya existían instalaciones privadas en enclaves específicos como el Hotel Camacho o el Casino.

La cronología de esta modernización revela una notable heterogeneidad geográfica. Si bien Arucas inauguró su alumbrado en 1895 y Las Palmas de Gran Canaria hizo lo propio en 1899 —tras ensayos previos en 1870—, otros territorios tuvieron que esperar décadas. Fuerteventura, por ejemplo, no contó con este servicio hasta 1931. Este despliegue, a menudo limitado a horarios restringidos donde los arcos voltaicos se desactivaban al filo de la medianoche, supuso una transformación radical en los hábitos sociales. La investigación de Salgado, apoyada en un exhaustivo trabajo de archivo y en la colaboración de la propia compañía eléctrica, permite hoy comprender cómo aquel gesto cotidiano de pulsar un interruptor es, en realidad, el resultado de un largo y complejo proceso de superación de inercias económicas y barreras técnicas.