Jesús Alejandro Arrocha vincula los ritmos de Canarias y Puerto Rico en su obra 'Plena U6b1'

Jesús Alejandro Arrocha vincula los ritmos de Canarias y Puerto Rico en su obra 'Plena U6b1'

Recurso: El Día

El libro Plena U6b1, de Jesús Alejandro Arrocha González, explora los vínculos históricos, genéticos y rítmicos entre Canarias y Puerto Rico, proponiendo una conexión entre el folclore isleño y la música tradicional puertorriqueña.

La reciente publicación de Plena U6b1, obra de Jesús Alejandro Arrocha González, plantea una tesis audaz sobre los vínculos históricos y rítmicos entre Canarias y Puerto Rico, tal y como ha dado a conocer recientemente la prensa regional. El autor, un técnico especializado en metalurgia y soldadura con una trayectoria profesional desarrollada entre Cádiz, Córdoba y Tenerife, propone un ejercicio de arqueología cultural que trasciende la mera observación etnográfica para adentrarse en la memoria genética y sonora del Atlántico.

El núcleo de la investigación de Arrocha se articula a partir de una intuición personal gestada en el macizo de Anaga, en Tenerife. A través de la escucha atenta de la plena puertorriqueña —género que ha alcanzado una notable proyección global gracias a figuras como Bad Bunny—, el autor identifica una serie de patrones percusivos que, a su juicio, guardan una correspondencia directa con las formas musicales tradicionales de las islas, particularmente con el uso del pandero. Esta hipótesis sugiere que el intercambio cultural derivado de la emigración canaria hacia el Caribe, motivado históricamente por la industria azucarera, no solo trasladó técnicas agrícolas, sino también un sustrato rítmico que ha perdurado en el folclore borincano.

Más allá de la musicología, el texto incorpora una dimensión biológica al referenciar el marcador genético U6b1. Arrocha vincula este linaje con la posible presencia de población aborigen canaria en las expediciones de Juan Ponce de León a principios del siglo XVI, planteando la existencia de una huella biológica que habría viajado junto a los colonos. Este enfoque interdisciplinar, que combina la antropología con la memoria personal, busca interpelar a las nuevas generaciones de canarios, quienes, según observa el autor, muestran un interés creciente por la recuperación de su identidad.

El trabajo de Arrocha no se limita a la teoría histórica; también manifiesta una postura crítica respecto a la gestión del territorio. Como residente en Chamorga, el autor advierte sobre la fragilidad del entorno de Anaga ante la presión turística y la degradación de los usos tradicionales. En este sentido, el libro se presenta como una invitación a la reflexión sobre la preservación del patrimonio natural y cultural, instando al lector a profundizar en una investigación que el propio autor considera abierta y sujeta a futuras comprobaciones. La obra, concebida como una primera aproximación, subraya la necesidad de entender las Islas no como un enclave aislado, sino como un nodo activo en una red de intercambios transatlánticos que aún conserva ecos de su pasado en la cultura contemporánea del Caribe.