Hallazgos en Ifara reescriben la historia de los antiguos pobladores de Tenerife y su compleja estructura social

Hallazgos en Ifara reescriben la historia de los antiguos pobladores de Tenerife y su compleja estructura social

Recurso: El Día

El hallazgo del yacimiento de Los Llanos de Ifara en Tenerife redefine la arqueología canaria al demostrar que los antiguos pobladores desarrollaron una compleja sociedad agrícola y artesanal con asentamientos en superficie.

La arqueología canaria se encuentra ante un cambio de paradigma fundamental tras los hallazgos en el yacimiento de Los Llanos de Ifara, en Granadilla de Abona (Tenerife). Tal y como recoge la reciente investigación liderada por el equipo de Efraín Marrero, este enclave está permitiendo desmantelar la visión tradicional que reducía la existencia de los antiguos pobladores de la isla al pastoreo trashumante y al refugio exclusivo en cuevas. Los datos obtenidos en el terreno revelan una complejidad social y económica mucho mayor, caracterizada por asentamientos en superficie y una actividad agrícola consolidada.

El estudio, que pone el foco en la zona de Ifara y Los Riscos, ha documentado hasta la fecha 17 estructuras habitacionales de planta circular u ovalada, construidas mediante la técnica de piedra seca y aprovechando la orografía natural. La singularidad de este asentamiento radica en la integración espacial de sus funciones: a diferencia de las interpretaciones previas que aislaban los yacimientos rupestres de las áreas residenciales, en Ifara conviven cabañas, cuevas funerarias y estaciones de grabados. Entre estas últimas destaca la denominada Casa del Samarín, un espacio que, por su configuración y la presencia de 21 paneles con motivos geométricos, sugiere una función de punto de encuentro comunitario o tagoro.

La relevancia de este descubrimiento se extiende al ámbito productivo. La identificación de una cantera-taller dedicada a la fabricación de molinos rotatorios —la primera de esta naturaleza documentada fuera de Las Cañadas del Teide— confirma que la agricultura de cereal no era una actividad marginal, sino un pilar de su economía. El hallazgo de 13 piezas de molturación en distintas fases de elaboración, junto con herramientas de gran formato, evidencia un nivel de especialización artesanal avanzado. Asimismo, la gestión de los recursos ganaderos parece haber sido más diversa de lo que se creía, combinando el control de rebaños con el aprovechamiento de ejemplares en libertad.

El análisis de los materiales recuperados, que incluyen desde restos de obsidiana y cerámica hasta indicios de una dieta complementada por el fruto del mocán, ofrece una visión más humana y cotidiana de esta sociedad. Además, la excavación ha arrojado evidencias de una pervivencia de estas formas de vida aborígenes más allá del siglo XV, planteando interrogantes sobre la resistencia cultural y la continuidad de sus costumbres durante el inicio del siglo XVI.

Ante este escenario, los investigadores subrayan la urgencia de actualizar los mecanismos de protección patrimonial. La propuesta técnica pasa por ampliar la delimitación del Bien de Interés Cultural (BIC) para abarcar la totalidad del entorno arqueológico y establecer itinerarios que permitan la divulgación científica sin comprometer la integridad de los restos. Con la consolidación de los grabados ya ejecutada en 2024, el equipo arqueológico se centra ahora en el estudio de los suelos y el contexto estratigráfico, con el objetivo de reconstruir con mayor precisión la organización territorial de un poblado que, lejos de ser un vestigio silencioso, se revela como un complejo sistema social plenamente integrado en el paisaje insular.