
Denuncian el estado de abandono de la antigua batería del muelle en Puerto de la Cruz
El Ayuntamiento de Puerto de la Cruz proyecta la restauración de la antigua batería del muelle para frenar su actual estado de abandono y degradación, integrándola finalmente como un activo cultural dentro del Plan de Protección del Conjunto Histórico.
La gestión del patrimonio histórico en Canarias vuelve a situarse en el centro del debate tras conocerse, según informa el diario El Día, la situación de abandono que sufren los restos de la antigua batería del muelle en el Puerto de la Cruz. Este vestigio, integrado en el Bien de Interés Cultural (BIC) del casco histórico, ejemplifica la tensión entre el desarrollo urbanístico y la preservación de la memoria colectiva, un conflicto que resuena con la historia de otras grandes urbes como Nueva York, donde el trazado de Wall Street aún recuerda la muralla defensiva erigida por los colonos neerlandeses en el siglo XVII.
En el caso portuense, la estructura defensiva, documentada cartográficamente desde 1640 y presente en los planos del ingeniero militar Antonio La Riviere de 1741, se encuentra actualmente en un estado de degradación que contraviene su estatus de protección. La falta de mantenimiento municipal ha permitido que el paramento sea utilizado como soporte publicitario para establecimientos hosteleros, además de sufrir la intrusión de infraestructuras de servicios, grafitis y la acumulación de residuos en sus inmediaciones. Este escenario, que estuvo a punto de desaparecer en 2008 bajo proyectos de expansión portuaria —evitados entonces por la intervención de Jaime Coello—, aguarda ahora una solución definitiva.
La esperanza para este enclave reside en la aprobación del Plan de Protección del Conjunto Histórico (PEPCH). Este documento técnico no solo reconoce el valor del área, denominada Puerto Viejo, como zona de fondeo y defensa frente al barranco de San Felipe, sino que establece una hoja de ruta para su recuperación. La historia de este punto es, además, la historia de la lucha contra la adversidad geográfica: desde los intentos de habilitar un puerto en el siglo XVII hasta la destrucción causada por el aluvión de 1826 y los temporales de 1838 que arruinaron las obras iniciadas en 1822.
El concejal de Ciudad Sostenible, David Hernández, ha reconocido la precariedad del sitio y ha confirmado que el Ayuntamiento trabaja en un contrato de restauración. El objetivo es transformar un espacio actualmente ignorado en un activo cultural y turístico, integrándolo en rutas que pongan en valor el límite histórico entre el mar y la tierra. La intervención prevista contempla la eliminación de elementos discordantes, como cableado y vegetación invasiva, con el fin de devolver la dignidad a un monumento que, pese a su relevancia en la historiografía local, ha permanecido durante décadas al margen de las políticas de conservación activa.