
En Santa Cruz honraron la memoria de las lavanderas y aguateras.
En Santa Cruz se honra la memoria de las lavanderas y aguadoras con esculturas de bronce en las plazas de la ciudad, recordando su importante papel en la historia de la ciudad.
En Santa Cruz hay un monumento a las lavanderas. Se encuentra en la plaza de Los Lavaderos, cerca del hotel Mencey. Fue creado por la escultora Raquel Planes. Son dos figuras de bronce: una madre escurriendo la ropa y un hijo de pie junto a ella, apoyado en una cesta de ropa. Cerca hay una piedra para lavar.
Hace mucho tiempo, cuando Santa Cruz apenas estaba surgiendo, la mayoría de la gente no tenía pozos en casa. Por eso las mujeres iban a lavar a los barrancos. Allí hacían pequeños lagos, reteniendo el agua con piedras, tierra, hierba y cañas. Colocaban piedras inclinadas y lavaban la ropa sobre ellas con jabón Lagarto, y luego la enjuagaban añadiendo azulillo.
Así lavaban hasta 1842. Entonces, las autoridades municipales decidieron que en esos lagos había falta de higiene y construyeron lavaderos públicos fuera de la ciudad.
El lugar elegido fue en el barranco de Almeida, al final de la calle Canales Bajas (ahora calle del Doctor Guigou). Por allí pasaba una tubería desde la montaña de Aguirre, que abastecía de agua a la ciudad.
Construyeron un edificio cuadrado con cuatro alas. Allí había 60 piedras para lavar, hechas con baldosas con un borde biselado y ranuras.
En 1853 se aprobaron las normas de uso y los precios. Cada lavandera tenía que pagar cuatro cuartos por usar el lavadero y el agua.
Este lugar era un verdadero centro de chismes. Las lavanderas fumaban, cantaban, contaban chistes y compartían noticias y rumores.
A principios del siglo XX, los lavaderos se cerraron. La gente se quejaba de que no había suficiente agua, de que no se cuidaban los lavaderos, de que estaban sucios y en mal estado.
Además, en Santa Cruz hay una escultura que honra a las aguadoras. Se encuentra en la plaza de Santo Domingo, cerca del teatro Guimerá. Fue hecha en bronce por el artista Medina Martín Barrios de La Palma en el año 2000. Representa a una mujer descalza que lleva un cántaro en la cabeza. Cerca está el Chorro de Santo Domingo, una fuente decorativa de piedra, instalada en 1894.
Las aguadoras tomaban agua de la primera fuente pública, que se instaló en 1706 en la plaza de La Pila (ahora plaza de La Candelaria). El agua se transportaba allí desde la montaña de Aguirre por una tubería de 12 kilómetros (a través de canales de madera).
En 1835, el ayuntamiento aprobó normas sobre cómo las aguadoras debían hacer cola y en qué días debían sacar agua de diferentes fuentes. Unos años más tarde, se les obligó a llevar uniforme. El ayuntamiento pagaba dos tercios del coste del uniforme, y ellas mismas el tercio restante mediante una cuota mensual.
Durante la Heroica Defensa del 25 de julio de 1797, las aguadoras demostraron heroísmo. Suministraron agua y comida a las tropas en la altura de Paso Alto, defendiendo la isla del ataque de la escuadra de Horacio Nelson.