Antonia Molinero: "Cochinita" rompe los silencios adolescentes.

Antonia Molinero: "Cochinita" rompe los silencios adolescentes.

Recurso: Diario de Avisos

Antonia Molinero publica "Cochinita", una novela juvenil que explora los silencios de la adolescencia y aborda temas como el abandono, el acoso y el racismo para dar voz a lo que duele.

Antonia Molinero (Madrid, 1964) acaba de publicar "Cochinita" (Ediciones La Palma), una novela juvenil donde, a través de su protagonista, Cixi, habla de la adolescencia, una etapa que a menudo no valoramos lo suficiente. En esta charla con DIARIO DE AVISOS, la fundadora y directora de la Escuela Literaria de Tenerife —un proyecto formativo que en 2026 cumplirá 22 años— nos cuenta por qué escribió este nuevo libro, presentado el viernes en el Centro de Información Juvenil (CIJ) del Cabildo de Tenerife. Su motivación es ayudar a romper los silencios que rodean a los adolescentes y usar la literatura para “nombrar lo que duele y no se ha dicho o no se ha sabido decir”. Que también es una forma de superarlo y seguir adelante.

—"Cochinita" se presenta como una novela de formación sobre una adolescente que busca su lugar en el mundo, pero ¿cuál fue el punto de partida de este relato? —"Cochinita" nace de una urgencia. De la necesidad de darle voz a una adolescente y poner en su boca palabras que a su vez hablan de otros jóvenes. Los jóvenes guardan muchos silencios que no les hacen ningún bien. Cuando tienen problemas en esa etapa de la vida, en vez de engañarles, deberíamos escucharles. Gran parte de mi trabajo es con jóvenes, creando espacios seguros y de confianza a través de la literatura. Ahí vi que, a veces, lo que escriben no es ficción, sino que habla de sus vidas, que suelen ser complicadas.

—El abandono, el acoso, la sexualidad, el amor, la diferencia, el racismo… ¿Cómo fue el reto de unir estos y otros temas en la historia de Cixi, la protagonista? —Parece mucho tema para una novela, pero en la vida de Cixi surgieron de forma natural. No quise añadir problemas, pero la verdad es que en la adolescencia se te juntan muchos. Cixi, que ya apareció en mi primera novela, "Chinita" (2019), es una joven china adoptada. De ahí ya sale el tema del racismo, y además su novio es un chico negro, un migrante africano. Esto lo vemos a diario: no todo el mundo ve con buenos ojos a los migrantes. Ese conflicto quise tratarlo en el libro. Pero hay otros, como las relaciones familiares tóxicas, un tema muy callado que hay que destapar. No les damos voz a los adolescentes, pero cuando empiezan a hablar, nos dejan con la boca abierta.

“Contar las cosas con la mayor verdad; escribir sirve para nombrar lo que duele y no se ha dicho o no se ha sabido decir”

—Al adoptar la mirada de una adolescente, ¿qué ha sido más importante para la escritora, su propia memoria o su relación con los jóvenes en el presente? —Mi relación con los jóvenes. Cixi es una chica de hoy, así que su forma de hablar no podía ser como la mía. Son muy diferentes. Tuve que investigar cómo se expresan. También escuché mucho a los jóvenes que me contaron o escribieron sus problemas. Diría que eso fue lo más difícil: usar ese lenguaje, esas palabras que a menudo mi generación no entiende. Y quise mezclar ese lenguaje con el de la abuela de Cixi, que aparece en su mente porque ya murió. Mostrar cómo le resuena la voz de la única persona que la escuchó de verdad. Los abuelos suelen ser los que mejor escuchan. Esta novela no es solo para jóvenes. También la escribí para que recordemos lo que fue ser joven. Mi generación callaba muchas cosas, igual que la de ahora.

—¿Y qué permanece, qué es una constante entre la adolescente que fue y lo que contempla en los jóvenes de hoy? —Ese silencio. Un silencio que no protege. Por eso escribí este libro, porque creo que protegerles es ponerle palabras a lo que les duele. Cixi nace de la necesidad de contar lo que por miedo se calla durante años. La literatura juvenil no tiene por qué ser superficial: puede mirar el dolor de frente, sin suavizarlo. Es lo que hay que hacer, en vez de restarle importancia con frases como “ya se te pasará”, “eres adolescente y no entiendes el mundo”… Sí, pero lo están viviendo ahora y la adolescencia dura mucho. No quise suavizar la adolescencia, sino contarla con toda la verdad que pude. La literatura sirve para nombrar lo que duele y no se ha dicho o no se ha sabido decir.

“Cochinita’ nace de la urgencia de dar voz a una adolescente y poner en su boca palabras que a su vez hablan de otros jóvenes”

—La abuela de Cixi es un fantasma. ¿Qué papel desempeña en la vida de la joven, en contraste con la compleja relación que mantiene con sus padres? —La abuela fue la única que la escuchó de niña. Cuando muere, deja un vacío. Cixi se llevaba tan bien con ella que, de alguna forma, sigue presente en su interior. Eso lo muestro en las frases que ella piensa. Es como acordarte, en los momentos difíciles, de quien te daba consejos. La voz de la abuela es esa persona que te cuida cuando nadie más lo hace. Es un fantasma, una voz en tu mente, alguien que te apoya.

—¿Cómo es ese vínculo amoroso entre Cixi y Himmi? ¿Qué tipo de relación quiso mostrar? —No quise mostrar el amor como una salvación ni como la llegada de un príncipe azul. No, quise mostrar a Himmi como alguien que te ve tal como eres, que te ama con todo lo que tienes. El suyo es un amor de juventud hacia alguien que sabe escuchar, como su abuela. Alguien que también ha sufrido y sabe que la vida es dura. Himmi, sobre todo, escucha. A veces le cuenta su historia, la de un joven migrante que llega a España. Lo acogió una congregación religiosa. Le encanta la música, es DJ, y está más acostumbrado a escuchar que a hablar. Esta relación también me sirve para hablar del sexo entre jóvenes. Con la naturalidad que el sexo tiene para los jóvenes, pero con el respeto absoluto que él le muestra a ella. Con un tipo de masculinidad por el que Cixi también lo quiere. Quizás sea lo más idílico de la historia, porque el amor es de las pocas cosas que le van bien. Otro tema es la maternidad a edad temprana. Y ahí, claro, hay otro problema.

“Esta no es una obra dirigida solo a los jóvenes, también ha sido escrita para recordarnos qué significó para nosotros serlo”

—Usted creó y dirige la Escuela Literaria de Tenerife. ¿Está presente en la escritora la mirada de quien dedica buena parte de su tiempo a ayudar en la expresión de la creatividad de otros o más bien son ámbitos completamente diferentes? —Van en paralelo. Lo que pasa es que en la escuela dedico tanto tiempo a enseñar a escribir que no me queda para hacerlo yo [ríe]. Por eso esta novela tardó tanto: cinco años. Solo pude escribir en los ratos libres de los fines de semana. Conseguir la voz juvenil que buscaba no fue fácil. Quería que sonara natural y creo que lo logré. Eso, en cuanto a la parte técnica. Lo interesante fue usar esa voz para mostrar problemas de los jóvenes que existen y que, en mi opinión, la sociedad no atiende.

—¿Y como escritora necesita tener todo concretado antes de ponerse a plasmar un relato o es un proceso que, a grandes rasgos, consiste en dejarse llevar? —Es un proceso donde se dan las dos cosas. Por un lado, tienes que tener claras muchas cosas. Saber quién es tu personaje, conocerlo muy bien, es lo más difícil. Si una novela no tiene un personaje, no es una novela. Hay una parte técnica muy importante; llené dos cuadernos con notas para "Cochinita". Luego, cuando tienes el alma del personaje, la historia fluye. No lo sabes todo, porque si no, te aburrirías. Tienes que dejar que tu propia novela te sorprenda, claro, sin perder la coherencia. Así que, como digo, las dos cosas son importantes. Por eso creo que es clave que alguien te asesore un poco. Y luego tú, con tu talento, te pongas a escribir. La parte técnica es fundamental. Para nada estoy de acuerdo con que todo vale. Y no digo que tengas que ir a una escuela literaria sí o sí, pero deberías tener a alguien que te guíe. Por eso combino la escuela con ser escritora.