
Vecinos de Masca denuncian el abandono institucional ante la saturación turística y la falta de servicios básicos
Los vecinos de Masca denuncian un histórico abandono institucional y la falta de servicios básicos, reclamando al Cabildo de Tenerife soluciones frente a la creciente presión turística y las restricciones urbanísticas que impiden el relevo generacional.
La gestión del patrimonio natural en Canarias vuelve a situarse en el centro del debate tras las recientes denuncias de los residentes de Masca, en Buenavista del Norte, quienes han puesto de manifiesto una brecha creciente entre la explotación turística del enclave y la realidad cotidiana de sus habitantes. Tal y como recoge la información publicada por Diario de Avisos, el caserío atraviesa una crisis de servicios básicos y mantenimiento que, según la Asociación de Vecinos Barranco de Masca, ha derivado en una situación de abandono institucional prolongada durante décadas.
El análisis de la situación revela una paradoja urbanística: mientras el enclave se promociona como uno de los puntos de mayor afluencia en Tenerife, la infraestructura básica —que incluye el saneamiento, la pavimentación de caminos y el alumbrado público— presenta deficiencias estructurales que comprometen la seguridad y la movilidad de los 93 residentes censados a fecha de enero de 2024. La edad media de esta población, situada en los 60 años, es un indicador directo de la dificultad para el relevo generacional, un fenómeno que los vecinos vinculan a una normativa urbanística desactualizada. El Plan Rector de Uso y Gestión (PRUG), vigente desde hace más de tres décadas, actúa como un freno para el desarrollo residencial, al clasificar como inviables terrenos con pendientes pronunciadas, lo que impide la construcción de nuevas viviendas y fuerza el éxodo de los jóvenes.
La problemática se extiende al ámbito de la movilidad. La actual configuración del transporte público, que limita el acceso a los núcleos más alejados del caserío, obliga a los residentes a depender del vehículo privado en un entorno saturado por el flujo de visitantes. Esta presión turística no solo satura las vías, sino que ha desplazado las prioridades de la administración, que, según los portavoces vecinales, ha priorizado inversiones en infraestructuras de ocio —como el muelle o la pasarela del barranco— frente a las necesidades de habitabilidad. La percepción de los residentes es que el territorio ha sido transformado en un producto de consumo, relegando a la ciudadanía a un segundo plano.
Ante la falta de respuestas efectivas a sus demandas, la asociación vecinal ha comenzado a valorar medidas de presión, incluyendo posibles movilizaciones ante el Cabildo de Tenerife. Aunque el reciente contacto con la dirección del Parque Rural de Teno ha abierto un canal de diálogo, los vecinos insisten en que la resolución de sus carencias requiere una voluntad política que trascienda la promoción turística. La situación de Masca ilustra, en última instancia, el conflicto latente en muchos espacios protegidos de las islas: la tensión entre la preservación del entorno, la rentabilidad económica del sector servicios y el derecho fundamental de los residentes a contar con servicios públicos dignos en sus lugares de origen.