La tradición de la cocina de vigilia impulsa el consumo en los mercados canarios durante la Semana Santa

La tradición de la cocina de vigilia impulsa el consumo en los mercados canarios durante la Semana Santa

Recurso: El Día

La tradición de la cocina de vigilia en Canarias impulsa la actividad comercial y reafirma la identidad gastronómica insular durante la Semana Santa, consolidándose como un motor económico que combina recetas históricas con adaptaciones para el consumidor actual.

La pervivencia de los preceptos cuaresmales en el archipiélago canario sigue ejerciendo una influencia notable sobre los hábitos de consumo locales, tal y como ha documentado recientemente el investigador Julio Torres. Lejos de ser un fenómeno en retroceso, la abstinencia de carne durante las jornadas centrales de la Semana Santa se traduce en un incremento sustancial de la actividad comercial en los mercados tradicionales, siendo el Mercado de Nuestra Señora de África, en Santa Cruz de Tenerife, un observatorio privilegiado de esta tendencia.

El análisis de la coyuntura actual revela que la demanda de productos marinos no solo es intensa, sino también planificada. Los responsables de los puestos de venta en La Recova constatan que una parte significativa de la clientela anticipa sus compras, evitando la improvisación de última hora. Entre las especies más solicitadas destacan el bacalao, el mero, el cherne, el rape y la sama, productos que se integran en un recetario tradicional donde conviven el pescado salado, los guisos y las elaboraciones al horno. Esta dinámica de mercado no solo responde a una cuestión de fe, sino a una reafirmación de la identidad gastronómica insular, que encuentra en estas fechas un vehículo para la transmisión de usos culinarios.

La complejidad de mantener estas costumbres en hogares con población infantil ha impulsado la búsqueda de soluciones prácticas, como la adaptación de texturas y presentaciones —por ejemplo, el pescado en formato de "churros"— para facilitar su consumo entre los más jóvenes. En este sentido, la labor divulgativa de autores como Torres, quien ha sistematizado la relación entre el calendario procesional y la cocina de vigilia, resulta fundamental para comprender la vigencia de platos como las garbanzas con bacalao, el escaldón o las potas.

El fenómeno trasciende lo salado para alcanzar la repostería, donde las torrijas ocupan un lugar central. La especialización del sector panadero, que ya comercializa piezas de pan diseñadas específicamente para esta elaboración, evidencia una profesionalización de la tradición. Junto a ellas, otros dulces como los rosquetes monjiles o las cañitas del señor completan un mapa gastronómico que, según los expertos, constituye un patrimonio inmaterial de gran valor. En definitiva, la Semana Santa canaria se consolida como un periodo donde la austeridad histórica se transforma en un motor económico para el sector primario y artesanal, manteniendo viva una herencia que, lejos de diluirse, se adapta a las necesidades del consumidor contemporáneo.