
El último ganadero caprino de Tacoronte lucha por la viabilidad frente a las trabas burocráticas
Urbano López Bonilla, el último ganadero caprino de Tacoronte, lucha por mantener la viabilidad de su explotación frente a las barreras burocráticas y los desafíos económicos que amenazan al sector primario en Tenerife.
La pervivencia de la ganadería caprina en el entorno rural de Tenerife enfrenta un desafío estructural que queda patente en el caso de Urbano López Bonilla, el último productor de este sector en el municipio de Tacoronte. Tal y como recoge el testimonio publicado recientemente, la trayectoria de este ganadero ilustra la tensión entre la vocación por el relevo generacional y las barreras burocráticas y económicas que condicionan la viabilidad de las explotaciones a pequeña escala en las islas.
El éxito comercial de la marca Tagoror, cuya producción de queso fresco de leche cruda de cabra fue distinguida con una medalla de plata en el certamen de Pinolere, ha permitido que la demanda supere actualmente a la oferta. Este reconocimiento supuso un punto de inflexión en la comercialización directa del producto, que se distribuye casi en su totalidad en el propio domicilio del productor, evitando así los costes logísticos y de intermediación. No obstante, la gestión de esta explotación de 80 cabezas de raza tinerfeña norte se mantiene bajo un modelo de pluriempleo, una estrategia común en el sector primario para mitigar la incertidumbre financiera que conlleva la cría de ganado.
Desde una perspectiva técnica, la gestión de la granja exige una dedicación constante, marcada por la complejidad del manejo de los animales y la necesidad de una formación especializada que trasciende la teoría académica. El ganadero subraya que la viabilidad del negocio no solo depende de la producción láctea —que ronda los 40 litros diarios—, sino de una gestión rigurosa de los costes operativos, cifrados en unos 64 euros diarios solo en alimentación. Esta realidad económica choca a menudo con las políticas de subvenciones públicas, las cuales, a pesar de ofrecer cuantías significativas, imponen condiciones de exclusividad profesional que pueden resultar contraproducentes para quienes inician su actividad sin una estructura consolidada.
El caso de Tacoronte es sintomático de una tendencia más amplia en el archipiélago: el abandono de tierras y la desaparición de explotaciones tradicionales por la falta de incentivos y la rigidez normativa en el uso del suelo. La aspiración de López Bonilla de ampliar su cabaña hasta los 150 ejemplares bajo un modelo de pastoreo refleja una búsqueda de sostenibilidad que, a día de hoy, se ve limitada por la falta de espacio y las dificultades para acceder a nuevas instalaciones. La apuesta por la cría mediante lactancia artificial, orientada a evitar patologías como la mastitis y a garantizar la pureza genética del rebaño, demuestra una profesionalización que, sin embargo, sigue supeditada a la fragilidad intrínseca de la ganadería viva.