
Laia Costa analiza en Las Palmas su trayectoria como referente de la internacionalización del cine español
La actriz Laia Costa consolida su trayectoria internacional combinando grandes producciones globales con proyectos de autor, reafirmando su versatilidad en una industria cinematográfica en constante evolución.
La trayectoria de Laia Costa se ha consolidado como un caso de estudio sobre la internacionalización del talento interpretativo español. Según recoge el Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria, donde la intérprete ha participado en las VI Jornadas del Oficio Cinematográfico, su carrera ha trascendido las fronteras nacionales para integrarse en una red global de producción que abarca desde la industria anglosajona hasta el cine latinoamericano y europeo.
Este recorrido, que comenzó en 2011, alcanzó un punto de inflexión con Cinco lobitos, de Alauda Ruiz de Azúa. Más allá del reconocimiento crítico y los galardones obtenidos —entre ellos el Goya y el premio en el Festival de Málaga—, la actriz define este proyecto como un reencuentro con la industria española tras un largo periodo trabajando en el extranjero. Este retorno subraya una tendencia creciente en el sector: la capacidad de los intérpretes para alternar producciones de gran presupuesto en Estados Unidos, como Newness o The Diplomat, con proyectos de autor que, a menudo, sirven como catalizadores de prestigio tanto para los equipos técnicos como para los repartos.
La versatilidad de Costa se pone ahora a prueba en el género de terror con La momia, dirigida por Lee Cronin, una experiencia que la actriz destaca por su exigencia física y técnica, especialmente en lo relativo a la coordinación con los departamentos de prótesis y especialistas. Esta incursión en el cine de género contrasta con su próxima colaboración con Daniel Sánchez Arévalo en Thriller, una producción para Netflix que explora una narrativa fragmentada basada en una investigación policial.
Durante su intervención en Las Palmas, Costa reflexionó sobre la naturaleza cambiante de la profesión. Al abordar su filmografía, que incluye hitos como Victoria —cinta alemana rodada en un único plano secuencia— y su trabajo junto a figuras consagradas como Ricardo Darín o Leonardo Sbaraglia en Nieve negra, la actriz desmitifica la idea de una metodología de trabajo única. Para ella, cada rodaje constituye un microcosmos independiente donde las dinámicas de equipo y los recursos financieros dictan el ritmo, más allá de la ubicación geográfica. Su visión sobre el cine actual, influenciada por la necesidad de revisar clásicos como Fausto bajo nuevas lecturas contemporáneas, refuerza la idea de que el oficio cinematográfico es, ante todo, un ejercicio de adaptación constante a los cambios sociales y a la evolución del espectador.