
La Feria de la Ciencia de La Orotava bate récords y enciende vocaciones
La 22ª Feria de la Ciencia de La Orotava atrajo a 12.000 personas con decenas de laboratorios al aire libre y más de 22 equipos científicos de Canarias, fomentando el interés por la ciencia en todas las edades.
Mario Hernández, con solo ocho años, ya está acostumbrado a la ciencia. Dinosaurios, planetas y volcanes llenan sus libros, dibujos y hasta sus pijamas. Pero su última visita a la Feria de la Ciencia de La Orotava ha sido especial.
No todos los días te dicen que podrías ser "uno de los mejores astrofísicos de Canarias". Con una sonrisa enorme y mucha emoción, Mario se acerca a su abuela, que lo observa de cerca, para contarle todo lo que ha hecho en la carpa del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), instalada en la céntrica Plaza de la Constitución.
Allí le pidieron comparar los colores de la luz de diferentes elementos químicos y adivinar cuáles eran. "Lo descubrí todo, ¡y eso que soy daltónico!", dice orgulloso, sin pensar en lo mucho que esas palabras podrían significar para su futuro.
Mario es solo uno de los miles de niños que han visitado hoy la Feria de la Ciencia de La Orotava. Esta cita anual con la ciencia, que ya cumple 22 años, ha llenado de vida la Villa con decenas de laboratorios al aire libre para que disfruten pequeños y mayores.
Unas 12.000 personas, 2.000 más que el año pasado, han disfrutado de un domingo diferente. Tuvieron la oportunidad de conocer de cerca a los expertos que estudian el medioambiente, los volcanes, el cielo y el océano de Canarias.
Este evento tan popular ha contado con más centros de investigación y actividades que nunca. "Ya ocupamos todo el espacio, incluso tenemos actividades fuera de la plaza", celebra Juan José Martín, periodista científico y principal impulsor de la Feria. Y adelanta que el próximo año se expandirán aún más: "También ocuparemos la calle Escultor Fernando Estévez".
Una de las novedades se encuentra en un lateral de la plaza, en la calle del Liceo Taoro. Allí se exponen flotadores gigantes con forma de cetáceos que viven en la isla. Esta muestra es parte del proyecto CanBio, una iniciativa de las dos universidades canarias y Loro Parque Fundación para concienciar sobre cómo las acciones humanas dañan el océano y a estas especies.
En la parte alta de la plaza, los amantes de la ciencia se encuentran con una estructura de la que cuelgan los planetas del Sistema Solar, todos a escala. "Ese es Júpiter", le dice una madre a su hijo, señalando un planeta grande con un anillo. El niño, sabiendo que no es correcto, la corrige enseguida: "No, mami, ese es Saturno". Ambos ríen por el error y siguen explorando la plaza, donde se han reunido más de 22 equipos e instituciones científicas de Canarias.
"Nos hemos quedado cortos", reconoce Martín. Este año, aunque las inscripciones para los centros de investigación estaban previstas hasta el 3 de noviembre, "tuvimos que cerrarlas antes por falta de espacio". "Muchos se quedaron fuera", lamenta el periodista, quien destaca que, con los años, la Feria más antigua de Canarias ha conseguido algo único: "Muchos científicos quieren venir porque saben que esta feria es diferente; la gente no solo mira los stands o pasea, sino que participa mucho más".
Entre los centros participantes, muchos repiten, como el Instituto Geográfico Nacional (IGN), la Fundación Telesforo Bravo, el Colegio Oficial de Biólogos de Canarias, la Asociación Española contra el Cáncer (AECC), el Museo de Ciencias Naturales de Tenerife (MUNA) o el Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan).
Pero cada vez son más, y más diversos, los organismos e investigadores que se animan a participar.
Es habitual ver a niños y adultos detenerse durante varios minutos en cada una de las carpas temáticas, que este año llevan nombres de constelaciones.
El pequeño Martín, en el stand del Instituto Universitario de Enfermedades Tropicales y Salud Pública de Canarias, mira con curiosidad varios botes con lo que parecen espaguetis y unas placas de Petri con manchas de colores.
"¿Y esto qué es?", pregunta el niño, de solo cinco años. "Son gérmenes", le explica Cristina González, una de las investigadoras. "Son los bichitos que hay en el aire".
El niño la mira extrañado, y González le aclara: "No todos son malos, porque nosotros respiramos y no nos ponemos enfermos".
El niño abre los ojos con entusiasmo al darse cuenta de que lo que le cuentan tiene que ver con sus resfriados. "Yo estoy malito", dice. González sonríe: "Claro, seguramente respiraste algún bichito que te puso así".
Aunque la Feria busca despertar el interés por la ciencia en los más pequeños, muchos adultos también aprovechan para conocer de cerca la investigación que se hace en las Islas.
Una de las casetas más visitadas es la del grupo de investigación AChem (Applied Analytical Chemistry Research Group) de la Universidad de La Laguna (ULL), que se dedica a analizar microplásticos.
La investigadora Cristina Villanova explica a los visitantes lo que llega a Canarias por mar, y advierte: "el océano no tiene fronteras".
Delante de ella hay varios botes con microplásticos de distintas formas: bolitas, trozos de roca volcánica o directamente basura. Pero lo que más sorprende a Clara, de 13 años, es un libro con etiquetas de productos encontrados en Playa Grande (La Graciosa) y El Porís (Tenerife).
"¿De verdad esto ha llegado desde Egipto?", pregunta sorprendida. "No sabía que eso era posible", reconoce con esa mirada de asombro de quien descubre algo inesperado gracias a la ciencia.