
La Orotava nombra Villero de Honor a César Hernández Martínez, impulsor de la romería de San Isidro
El Ayuntamiento de La Orotava ha nombrado a título póstumo Villero de Honor a César Hernández Martínez, reconociendo su papel fundamental en la estructuración y modernización de la histórica romería de San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza.
La reciente distinción a título póstumo de César Hernández Martínez como Villero de Honor de La Orotava, tal y como ha informado la prensa local, supone el cierre de una deuda histórica con la figura que articuló la estructura contemporánea de la romería de San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza. Este reconocimiento, otorgado en el marco del 90 aniversario de la festividad, pone de relieve la importancia de la memoria institucional en la preservación de las tradiciones populares canarias, a menudo desdibujadas por el paso de las décadas y la masificación de los eventos.
La figura de Hernández Martínez, odontólogo de profesión y presidente del Liceo de Taoro en la década de los treinta, fue determinante para transformar lo que, bajo su criterio, era una celebración carente de orden en un evento estructurado. Fue en 1936 cuando, tras obtener el beneplácito municipal, impulsó la primera edición bajo un formato que integraba a propietarios de fincas y trabajadores del sector platanero, estableciendo las bases de un desfile que, en sus orígenes, contaba con una veintena de carretas y una participación animal organizada.
El testimonio de su hijo, César Hernández García, quien recibió el título en nombre de su padre, permite trazar una línea evolutiva entre aquella romería de preguerra y la actual. Mientras que el evento original se caracterizaba por una logística austera y una participación vinculada a las labores agrícolas, la celebración contemporánea ha experimentado una transformación radical. Hernández García, testigo directo de esta metamorfosis, advierte sobre una pérdida de rigor en la indumentaria tradicional, señalando que la actual desvirtuación de los elementos identitarios —como el uso incorrecto de polainas o la disposición de los complementos femeninos— aleja la fiesta de su esencia original.
Más allá de su labor organizativa, la figura de Hernández Martínez queda en el recuerdo local por su faceta humana y su destreza técnica en la odontología, oficio que ejerció en la calle San Agustín desde 1932. Aunque su hijo subraya que el impulsor de la romería nunca participó activamente en el desfile más allá de su vinculación con la agrupación musical Los Kiawels, su legado ha trascendido su propia vida. La concesión de este título honorífico no solo salda un compromiso pendiente con el pasado, sino que invita a una reflexión necesaria sobre la autenticidad de las celebraciones populares en un contexto de creciente afluencia turística y social.