
La Orotava nombra "Villero de Honor" a título póstumo a César Hernández Martínez por su legado cultural
El Ayuntamiento de La Orotava ha nombrado "Villero de Honor" a título póstumo a César Hernández Martínez en reconocimiento a su labor fundamental en la profesionalización y preservación de la Romería de San Isidro y su destacado legado cultural en el municipio.
La reciente distinción otorgada por el Ayuntamiento de La Orotava a César Hernández Martínez, nombrado a título póstumo "Villero de Honor", pone de relieve la importancia de la preservación del patrimonio inmaterial en las Islas Canarias. Tal y como recoge la información difundida sobre los preparativos de la 89ª edición de la Romería de San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza, este reconocimiento institucional coincide con el 90º aniversario de la configuración moderna de esta festividad, un evento que ha servido de paradigma para las celebraciones populares en Tenerife.
La figura de Hernández Martínez, odontólogo de origen lagunero afincado en la Villa desde 1932, resulta fundamental para comprender la profesionalización de las tradiciones locales. Bajo su presidencia en la Sociedad Cultural Liceo de Taoro, iniciada en 1935, se formalizó la gestión de la romería ante el Consistorio, estableciendo protocolos estéticos y organizativos —como el uso riguroso de la indumentaria tradicional y la ornamentación de carretas— que han perdurado hasta la actualidad. Este modelo de gestión, que buscaba elevar la calidad y el orden del desfile, transformó una procesión religiosa en un referente cultural de primer orden, consolidando al Liceo de Taoro como el ente organizador ininterrumpido durante nueve décadas.
Más allá de su labor en la romería, el legado de Hernández Martínez abarca diversas esferas de la vida pública orotavense. Su perfil humanista se tradujo en la fundación de la asamblea local de la Cruz Roja en 1938, institución que reconoció su trayectoria con diversas condecoraciones, y en la creación de la Procesión del Silencio en 1953, una iniciativa que logró integrar a miles de mujeres en un acto de recogimiento religioso. Su faceta como mecenas fue igualmente determinante, destacando su apoyo al escultor Ezequiel de León Domínguez, a quien facilitó su formación artística, así como su contribución al desarrollo cultural mediante la creación del Cine Orotava y el impulso al hermanamiento con la localidad pontevedresa de Puenteareas, un vínculo basado en la tradición compartida de las alfombras de flores.
El homenaje, recibido por su hijo César Hernández García, subraya la necesidad de mantener la pureza y el rigor en las manifestaciones folclóricas, una preocupación que el propio Hernández Martínez mantuvo durante toda su vida. La distinción no solo honra a quien fuera un activo dinamizador social —desde su participación en el Patronato de Música hasta su labor en la rondalla Los Kiawels—, sino que también subraya el valor de la gestión civil en la salvaguarda de la identidad colectiva. La próxima edición de la romería, programada para el 14 de junio, servirá de marco para conmemorar esta trayectoria de compromiso cívico que, desde su llegada a la calle San Agustín en 1932 hasta su fallecimiento en 1999, definió la vida cultural de La Orotava.