
Cuatro décadas de la Banda de Carpinteros de La Orotava: un legado entre la música y la tradición artesanal
La Banda de Carpinteros de La Orotava celebra cuatro décadas de historia consolidándose como un símbolo sociológico que ha logrado preservar su legado musical adaptándose a la transformación del sector artesanal en Canarias.
La pervivencia de la Banda de Carpinteros de La Orotava, que recientemente ha cumplido cuatro décadas de trayectoria, trasciende el ámbito puramente musical para convertirse en un testimonio sociológico sobre la transformación del tejido artesanal en Canarias. Tal y como recoge la información publicada recientemente sobre esta agrupación, el colectivo nació en 1986 como una extensión gremial de los maestros ebanistas del Valle de La Orotava, un sector que en aquel entonces contaba con cerca de 189 talleres censados en la zona.
El origen de esta formación, considerada un caso singular en el panorama nacional por su vinculación directa a un oficio manual, se remonta a una promesa religiosa vinculada a la veneración de San José, patrón de los carpinteros. Lo que comenzó como un acompañamiento musical en las procesiones de la ermita de la Candelaria del Lomo, con un coste inicial de 192 euros (32.000 pesetas de la época), derivó en un proyecto de cohesión profesional impulsado por Enrique Salazar. Este agente comercial, que recorría la isla suministrando maquinaria, ejerció de reclutador al identificar entre los artesanos a aquellos con aptitudes musicales, logrando reunir en 1988 a 56 integrantes.
El análisis de este fenómeno permite observar cómo la banda ha logrado adaptarse a la crisis del sector artesanal. A medida que la industrialización y los materiales prefabricados desplazaron a los talleres familiares, la formación se vio obligada a una metamorfosis generacional. Al cumplir su vigésimo aniversario, la agrupación integró a familiares de los artesanos, pasando a denominarse Banda de Carpinteros y Familiares, garantizando así la continuidad de su legado sonoro ante la escasez de nuevos relevos en el oficio de la madera.
La memoria de este colectivo, que ha ensayado en espacios emblemáticos como el antiguo Liceo Taoro, ha sido recientemente sistematizada en una obra bibliográfica presentada en la Feria de Artesanía de Pinolere. Este documento no solo compila el archivo fotográfico y documental de cuatro décadas, sino que subraya la dualidad de sus miembros: figuras como Domingo Álvarez, presidente de la banda y veterano artesano de 89 años, representan una generación que ha logrado mantener viva la actividad cultural a pesar del declive de la actividad económica que les dio origen. En la actualidad, la música actúa como el elemento vertebrador que permite la supervivencia de una identidad colectiva, incluso cuando la carpintería tradicional ha dejado de ser el sustento principal de sus componentes.