
La Orotava rescata la memoria de la carpintería tradicional en un libro.
Un carpintero de La Orotava publica un libro para preservar la memoria de un oficio tradicional en declive por la industrialización y el turismo.
En La Orotava, ser carpintero era algo importante y respetado. Pero ahora, este oficio está desapareciendo. Las máquinas modernas han hecho que los muebles sean más baratos, pero también más iguales, sin la originalidad de antes.
Las maderas ya no huelen como antes, y las herramientas tradicionales como las gubias han sido reemplazadas por ordenadores.
Adolfo Padrón Pacheco, hijo y nieto de carpinteros, no quería que esta tradición familiar se perdiera. Por eso, escribió un libro para recordarla.
Su carpintería, que estuvo en la calle Doctor Domingo González (antes El Castaño), cumplió 70 años. Aunque ya no hacen muebles desde 2003, la mantienen abierta para que la gente conozca este oficio en la Ruta de los Molinos.
En los años 50 y 60, La Orotava tenía muchas carpinterías. Todas trabajaban de forma parecida, solo cambiaba el tamaño del local. La de la familia de Adolfo tenía 113 metros cuadrados y llegó a tener ocho empleados. Estaba bien ubicada y organizada, con una parte para las máquinas y otra para el trabajo manual. Cada carpintero se especializaba en algo, como hacer muebles.
En los años 60, hacían hasta dos juegos de dormitorio al mes, además de maceteros, arcones de cedro, alacenas y hasta piedras de lavar. Adolfo recuerda que los clientes a veces cambiaban la fecha de su boda para tener los muebles a tiempo.
Cada carpintero tenía sus propios trucos y no los compartía. Aunque todos se conocían y trabajaban juntos, cada uno tenía sus plantillas y su estilo propio. También tenían que medir bien, porque a veces los muebles que pedían los clientes no cabían o eran muy caros. El padre de Adolfo iba, medía, cambiaba los diseños y quitaba adornos para que fueran más baratos.
Adolfo recuerda a una familia llevando los muebles de su casa como hormigas. Le da pena no haber tenido una cámara para grabar ese momento.
Pero no todo era trabajo. Los carpinteros eran amigos y salían juntos los fines de semana. El día de San José, el patrón de los carpinteros, lo celebraban con una comida. La madre de Adolfo preparaba conejo al salmorejo y papas bonitas con los productos que les regalaban los clientes agradecidos.
En los años 70, con el turismo en el Puerto de la Cruz, se dejaron de hacer muebles y el oficio empezó a decaer.
Adolfo encontró una salida en la enseñanza. Fue profesor de Formación Profesional en el IES Manuel González Pérez, enseñando sobre madera y muebles. Él era la persona perfecta para transmitir sus conocimientos y mantener vivo el interés por este oficio.
Adolfo está contento de haber escrito su libro y de haber rescatado del olvido palabras como "maravalla" y "garlopa", que solo los carpinteros conocen.
Empezó a preparar el libro en 2017, aunque llevaba años recopilando información. Los recuerdos de su taller, las anécdotas con vecinos, trabajadores y clientes, todo eso lo fue plasmando en el libro. Buscó nombres, apellidos y fechas para las fotos. Su madre, que tenía una letra muy bonita, anotaba todo detrás de las fotos. Adolfo clasificó más de 380 fotos, todas con su propia historia, siguiendo los consejos del editor.