
'Take off' llega a Matadero para rememorar la tragedia aérea de Los Rodeos
La obra Take off (Nada de esto tuvo que haber ocurrido), escrita y dirigida por Jose Padilla, llega a la Nave 10 de Matadero del 5 al 15 de noviembre para reflexionar sobre la tragedia aérea de Los Rodeos de 1977.
La llegada a la capital de Take off (Nada de esto tuvo que haber ocurrido) supone un ejercicio de memoria histórica sobre las tablas, un proyecto que, según informa Diario de Avisos, recalará en la Nave 10 de Matadero entre el 5 y el 15 de noviembre. La pieza, escrita y dirigida por el tinerfeño Jose Padilla, traslada a la escena madrileña el impacto del accidente aéreo ocurrido en Los Rodeos en 1977, una catástrofe que se saldó con 583 víctimas mortales y que marcó un antes y un después en la seguridad aérea internacional.
La producción, una iniciativa de Estudio Príamo en coproducción con el Auditorio de Tenerife y En Verde Producciones, se estrenó originalmente en el archipiélago canario el pasado mes de marzo. El elenco, integrado por Almudena Puyo, Carlota Gaviño, Kevin de la Rosa y Lucía Trentini, asume el reto de representar un suceso de gran carga traumática. En este sentido, la propuesta escénica se aleja de cualquier tentación sensacionalista, priorizando el rigor narrativo y la sensibilidad ante el dolor ajeno, elementos que Padilla considera fundamentales al abordar un episodio de tal magnitud.
Para el dramaturgo, la unificación de las facetas de autor y director no responde a una elección estética, sino a una necesidad de completar el proceso creativo. Padilla sostiene que la dramaturgia solo alcanza su plenitud cuando se traslada al espacio de ensayo, donde la interacción con los intérpretes permite que el texto evolucione y se materialice. Esta permeabilidad del teatro, que permite que la obra se transforme a través de la experiencia de sus protagonistas, es, a juicio del autor, una de las mayores virtudes de las artes escénicas frente a otras disciplinas más estáticas.
Más allá de la reconstrucción del siniestro, el montaje se inscribe en la trayectoria de Padilla como una herramienta de interpelación al espectador. En un contexto social marcado por la inmediatez y la fragmentación, el autor reivindica el acto teatral como un espacio de resistencia y reflexión colectiva. La obra no busca imponer conclusiones cerradas, sino fomentar un encuentro entre la palabra y la ciudadanía, entendiendo que la experiencia de asistir a una representación es, en sí misma, un ejercicio de rebeldía frente a la pasividad de los tiempos actuales.