
Iván Pérez Saavedra, campeón en Andorra, acelera su sueño olímpico.
El squashista tinerfeño Iván Pérez Saavedra, de 24 años, conquistó el Open Andorra Cooper 2025, su victoria más importante, que lo catapulta al Top 60 mundial y lo acerca a su sueño olímpico en Los Ángeles 2028.
Iván Pérez Saavedra (Adeje, 2000) ya destacaba en el mundo del squash español. A sus 24 años, con experiencia en torneos difíciles, una mentalidad muy fuerte y acostumbrado a enfrentarse a rivales superiores, su reciente actuación en el Open Andorra Cooper 2025 (similar a un ATP250 de tenis) confirmó su gran potencial. El tinerfeño dio un verdadero espectáculo, logrando la victoria "más importante" de su carrera. Cerró una semana espectacular con cuatro triunfos contra rivales del Top 50 mundial, incluyendo al número 19 en la final.
Iván vive en Barcelona. "Si quería dedicarme al squash tenía que venirme aquí", explica. Al terminar el colegio, hizo las maletas y se mudó a la Ciudad Condal, donde lleva ya siete años. Entró en la Barcelona Global Squash Academy, un centro clave para el squash español y, según él, "la mejor academia de España". Allí ha mejorado su juego, su coordinación y una fortaleza mental que, como reconoce, no siempre tuvo.
En resumen, es la historia de un jugador que cambió su vida para dedicarse a un deporte que aún está creciendo en España, pero que acaba de llegar a los Juegos Olímpicos (debutará en Los Ángeles 2028).
Su victoria en Andorra fue una mezcla de sorpresa y confirmación. Llegó al torneo como el número 79 del ranking de la Professional Squash Association, "de tapado", como él mismo admite. Pero lo cierto es que ya sentía, incluso antes del primer partido, que podía competir (aunque no necesariamente ganar) contra rivales que, en teoría, eran más fuertes.
A medida que avanzaban las rondas, su confianza creció enormemente. La segunda victoria, contra el número dos del torneo y un Top 30 mundial, fue la que le "abrió un poquito más el cuadro". Desde ese momento, se sucedieron varios partidos muy exigentes, pero que pudo afrontar bien gracias a su gran físico y, sobre todo, a una mentalidad que había estado trabajando en los meses previos. Aquí hace una pausa para destacar que ha "notado una mejoría abismal" desde que empezó a trabajar con apoyo psicológico en abril. Explica que su madurez se debe a dos cosas: la experiencia acumulada y el apoyo profesional en el aspecto emocional. "Creo que ya mentalmente he consolidado todos los buenos pensamientos", afirma. Un cambio clave para entender lo que vivió en Andorra. "Me considero un jugador con muy buen físico y fortaleza mental", señala.
En la final, contra el gran favorito, el francés Grégoire Marche (número 19 del mundo), el tinerfeño mantuvo la calma y jugó de forma agresiva y variada para ganar por 3-1 (11-9, 3-11, 11-3, 11-8) en 52 minutos.
El torneo repartía un total de 40.000 dólares. Pérez, como campeón, se llevó casi el 15% de esa cantidad, unos 5.000. ¿Se ha dado algún capricho? "No te creas... a final de año siempre está la cosa apretada", bromea. Pero, más allá del dinero, su victoria en Andorra es un punto de inflexión porque le abre las puertas a torneos de mayor categoría y le permite entrar, por primera vez, entre los 60 mejores del mundo: "Me ayuda un montón para entrar en torneos más grandes".
Pérez Saavedra espera un mes de diciembre muy ocupado. "Vacaciones pocas", resume. En enero, empieza un nuevo ciclo de competiciones en el que podría participar en un torneo Gold en Pakistán, con 150.000 dólares en premios y lleno de las mejores figuras del squash mundial. Aunque en principio está como "reserva tres", el tinerfeño lo ve como una opción muy real. Un escenario "guapo", con mucho nivel, prestigio y visibilidad. "Si entro ahí sería una locura", comenta.
Si ese torneo no sale, su objetivo es un Silver en Estados Unidos, una categoría algo menor, pero igualmente muy importante. Todo esto forma parte de un plan que debe seguir sin perder tiempo si quiere cumplir su sueño más ambicioso: estar en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028.
Aunque reconoce que su posición en el ranking lo dejaba, al principio, muy lejos, el gran avance que ha logrado este año le hace pensar que ya no es un sueño imposible. Le quedan dos años y medio y tiene muy claro que lo que le espera es "una carrera contrarreloj". No promete nada, pero tampoco se limita. Su afirmación de que "por nivel podría estar" sugiere un futuro en el que la combinación de calendario, preparación, madurez y buenos resultados puede llevarlo a esa cita olímpica.