
La autogestión vecinal impulsa la regeneración urbana de Costa del Silencio en Arona
Un colectivo de residentes internacionales en Costa del Silencio, Arona, lidera la regeneración urbana y el mantenimiento de espacios públicos ante la falta de respuesta institucional, consolidándose como un referente de autogestión vecinal en el sur de Tenerife.
La transformación urbana de Costa del Silencio, en el municipio tinerfeño de Arona, ha encontrado en la sociedad civil organizada un motor de regeneración que las instituciones, por sí solas, no han logrado articular. Tal y como recoge Diario de Avisos, un colectivo de residentes de diversas nacionalidades ha asumido la gestión del mantenimiento y embellecimiento de este enclave turístico, superando la inercia del abandono que ha caracterizado a la zona durante décadas.
Este grupo, denominado Voluntarias Costa del Silencio Limpio, funciona bajo una estructura de voluntariado que trasciende la mera recogida de residuos. Su labor abarca desde la rehabilitación de infraestructuras públicas —como parques infantiles, mobiliario urbano y el histórico minigolf de Damon Park— hasta la intervención artística mediante murales que recuperan la memoria visual de la urbanización. La iniciativa, presidida por Hannelore Ottevaere, ha logrado integrar a medio centenar de personas de más de doce nacionalidades, consolidando un modelo de gobernanza vecinal que se financia, en parte, a través de la venta de calendarios solidarios y sistemas de apadrinamiento de arbolado, donde comercios locales sufragan el mantenimiento de las palmeras de la calle Ten-Bel.
El impacto de esta organización no se limita a la estética. La asociación ha logrado tejer una red de apoyo digital con 5.000 seguidores, convirtiéndose en un referente de participación ciudadana en el sur de Tenerife. A pesar de la frustración que genera el incivismo recurrente, el colectivo mantiene una hoja de ruta ambiciosa: la próxima fase de su plan de acción contempla la mejora de la iluminación solar en espacios comunes y la extensión de sus jornadas de limpieza a los accesos viarios principales, como las carreteras TF-652, TF-653 y TF-66.
Este fenómeno pone de relieve una realidad sociológica creciente en las zonas turísticas maduras de Canarias: la sustitución de la dejadez administrativa por la autogestión vecinal. Mientras el Ayuntamiento de Arona colabora mediante el suministro de herramientas, el peso operativo recae sobre estos residentes que, lejos de ser meros espectadores del deterioro, han convertido la recuperación del espacio público en una herramienta de cohesión social. La labor de estas voluntarias no solo ha logrado revertir el estado de degradación de áreas críticas, sino que ha redefinido el sentido de pertenencia en un núcleo que, tras su esplendor en los años 60, busca ahora una segunda oportunidad a través del compromiso cívico.