
El Refugio Internacional para Animales asegura su sede en Los Realejos tras medio siglo de labor
El Refugio Internacional para Animales de Los Realejos consolida su estabilidad operativa tras adquirir sus instalaciones, reafirmando su compromiso con la atención y adopción de canes frente a la persistente problemática del abandono en el Valle de La Orotava.
El Refugio Internacional para Animales, una entidad con medio siglo de trayectoria en la atención a canes, ha consolidado recientemente su estabilidad operativa al adquirir la propiedad definitiva de sus instalaciones en Los Realejos, junto a la balsa de La Cruz Santa. Según informa el diario El Día, este hito patrimonial permite a la organización, que ha transitado por diversas ubicaciones en el Puerto de la Cruz y La Orotava, proyectar su labor asistencial con mayor autonomía para cubrir la demanda de toda la comarca del Valle, extendiendo su radio de acción hasta Santa Úrsula y La Matanza.
La gestión diaria de este centro, que actualmente alberga a 54 animales, refleja una realidad compleja marcada por la fluctuación constante de ingresos y salidas. Durante el pasado mes de julio, el refugio registró la entrada de 40 ejemplares y la adopción de 30, una dinámica que, según los responsables, se mantiene en un equilibrio precario. La operativa incluye un protocolo de rescate y atención veterinaria inicial —que abarca desparasitación, higiene y periodos de cuarentena—, ejecutado por un equipo de cinco voluntarios que llevan más de una década vinculados al proyecto.
Más allá de la logística, el análisis de los datos de abandono revela una problemática social persistente. Las causas principales identificadas por el personal del refugio apuntan a cambios en las condiciones de habitabilidad de los propietarios, como mudanzas o modificaciones en los contratos de alquiler, además de una preocupante tendencia estacional vinculada a periodos vacacionales. Resulta significativo el testimonio de los voluntarios, quienes advierten que el maltrato animal no guarda una correlación directa con el nivel socioeconómico de los dueños, detectándose situaciones de negligencia incluso en entornos con recursos suficientes.
Este escenario se ve agravado por una creciente dificultad en la gestión sanitaria de los animales. La entidad ha reportado un incremento en la incidencia de parásitos, lo que, sumado a la reciente normativa de 2023 sobre la prescripción de fármacos veterinarios, ha elevado los costes operativos del centro. A esta presión económica se añade la necesidad de combatir el abandono silencioso: aquel que ocurre en hogares con espacio físico, pero donde la falta de estímulos y socialización deriva en problemas de conducta que, a menudo, sirven como justificación para el desahucio del animal.
En última instancia, el refugio se define como una infraestructura de transición. La labor de sus integrantes no busca la permanencia del animal en sus instalaciones, sino servir de puente hacia un entorno definitivo, subrayando la importancia de la tenencia responsable frente a la visión del animal como un elemento prescindible en la estructura familiar.