Convivencia intergeneracional en la ULL: el aprendizaje permanente une a dos estudiantes con 60 años de diferencia

Convivencia intergeneracional en la ULL: el aprendizaje permanente une a dos estudiantes con 60 años de diferencia

Recurso: El Día

La Universidad de La Laguna destaca el caso de dos estudiantes de Humanidades, de 21 y 80 años, cuya convivencia académica ejemplifica la importancia del aprendizaje permanente y la superación de brechas generacionales.

La Universidad de La Laguna (ULL) se ha convertido en el escenario de un encuentro intergeneracional que desafía los prejuicios sobre la etapa académica. Tal y como recoge el diario Atlántico Hoy, la institución tinerfeña alberga en sus aulas una convivencia atípica entre dos estudiantes de Humanidades: José Luis Ferrer, de 21 años, y Estrella Ortega, próxima a los 80. Este caso pone de relieve la vigencia del aprendizaje permanente (lifelong learning), un paradigma que, lejos de ser una tendencia, se consolida como una herramienta esencial para el mantenimiento de la salud cognitiva y la cohesión social en una sociedad cada vez más envejecida.

El contraste biográfico entre ambos es notable. Mientras Ferrer, quien ostenta el mejor expediente académico de la institución, cursa el tercer año del grado en Español, Ortega se encuentra en la recta final de su quinta titulación universitaria, tras haber completado previamente los grados en Geografía, Historia, Filosofía y Periodismo. Más allá de las cifras, el punto de convergencia entre ambos reside en su metodología de trabajo: ambos priorizan la lectura profunda y el análisis holístico de la bibliografía sobre la memorización mecánica, una estrategia que Ortega, desde su dilatada experiencia, califica como una forma de «gimnasia cerebral» necesaria para evitar el estancamiento intelectual.

La motivación de estos alumnos trasciende la obtención de un título habilitante. Para Ferrer, la universidad funciona como un ecosistema donde hallar afinidades intelectuales, mientras que para Ortega, jubilada y voluntaria en proyectos educativos en zonas vulnerables de Tenerife, el aula representa un espacio de intercambio dialéctico. Esta dinámica de retroalimentación mutua desdibuja la brecha de seis décadas que los separa, demostrando que la curiosidad intelectual actúa como un nivelador social.

Ambos estudiantes logran integrar sus exigencias académicas con una vida personal activa. Ferrer compagina sus estudios con un empleo en el sector informático y una vida social que prioriza, mientras que Ortega mantiene una agenda marcada por el voluntariado y la crítica musical. Este fenómeno subraya la importancia de la universidad no solo como centro de formación profesional, sino como un nodo de socialización transversal. En última instancia, la experiencia de Ferrer y Ortega ilustra cómo la inquietud intelectual, independientemente de la edad, sigue siendo el motor principal para la construcción de una ciudadanía crítica y conectada, validando la tesis de que la formación superior es un proceso que, en el mejor de los casos, acompaña al individuo durante toda su trayectoria vital.