Muere a los 96 años Jürgen Habermas, el filósofo de la razón comunicativa

Muere a los 96 años Jürgen Habermas, el filósofo de la razón comunicativa

Recurso: Diario de Avisos

El filósofo y sociólogo alemán Jürgen Habermas, referente fundamental del pensamiento contemporáneo y defensor de la razón comunicativa, ha fallecido a los 96 años en Starnberg.

La desaparición de Jürgen Habermas, confirmada este sábado por su editorial, Suhrkamp, tras el aviso de su entorno familiar, marca el fin de una era en la filosofía contemporánea. Con su fallecimiento a los 96 años en Starnberg, la esfera pública europea pierde a su mayor exponente en la defensa de la razón comunicativa y el debate democrático. Su trayectoria, que le valió el reconocimiento como Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 2003, no solo definió el pensamiento del siglo XX, sino que estableció las bases para entender la legitimidad política en las sociedades modernas.

La relevancia de su figura trasciende su labor académica, consolidada desde sus inicios en la década de los cincuenta en el Instituto de Investigación Social de Fráncfort, donde colaboró estrechamente con Theodor W. Adorno. Su producción intelectual, marcada por hitos como La transformación estructural de la esfera pública —tesis doctoral defendida en 1961— y Teoría de la acción comunicativa (1981), constituye un pilar fundamental para la sociología política actual. A lo largo de su carrera, Habermas ocupó cátedras de gran prestigio, destacando su etapa en la Universidad de Fráncfort, donde sucedió a Max Horkheimer en 1964, y su labor al frente del Instituto Max Planck en Starnberg entre 1971 y 1981.

Más allá de sus textos, su figura estuvo marcada por una constante implicación en los debates de su tiempo. Desde su postura crítica durante las revueltas estudiantiles de 1968 hasta sus intervenciones públicas en la vejez sobre dilemas éticos, avances neurocientíficos o la política internacional —como ocurrió con el conflicto de Kosovo—, Habermas mantuvo una voz activa. Su capacidad para articular un pensamiento complejo, a pesar de las dificultades físicas derivadas de una fisura palatina congénita, fue una constante en su vida pública.

Desde la Fundación Princesa de Asturias, su directora, Teresa Sanjurjo, ha subrayado la magnitud de esta pérdida, recordando la valoración que el jurado hizo de su obra en 2003 al calificarlo como una figura cumbre del pensamiento contemporáneo. Sanjurjo ha puesto en valor su capacidad para diseccionar los elementos que articulan la convivencia social, destacando el legado moral y filosófico que deja tras de sí. Con su partida, se cierra un capítulo esencial de la tradición intelectual europea, dejando tras de sí una obra que sigue siendo indispensable para comprender la arquitectura de nuestras democracias.