Una pareja de Madrid rescata el pueblo abandonado de Icor en Tenerife.

Una pareja de Madrid rescata el pueblo abandonado de Icor en Tenerife.

Recurso: El Día

Una pareja de Madrid revive el abandonado pueblo de Icor en Tenerife, enfrentándose a obstáculos burocráticos y pidiendo a las autoridades que actúen para preservar el patrimonio cultural.

La conservación del patrimonio histórico es una tarea importante para cualquier gobierno. En el caso del caserío de Icor, en el municipio de Arico, esta misión la ha asumido el matrimonio formado por Estrella Medina y Nacho Fuertes. El 12 de octubre se cumplieron 7 años desde que, recorriendo la isla, llegaron por casualidad a Icor. Sus hijas eran aficionadas a la escalada y eso les llevó a estas tierras. Tras ver un anuncio de venta, los madrileños decidieron adquirir casi la mitad del entonces abandonado caserío.

Ahora, Icor es un lugar donde se respira el espíritu del pasado: el duro trabajo de los canteros, el olor a resina de pino, el eco de los balidos de las cabras y la sabia arquitectura cincelada por los vientos. Todo ello está reviviendo gracias al esfuerzo de Nacho, Estrella, su hija Vanessa y su pareja, Kevin, quienes comparten en redes sociales la historia de la transformación de Icor. En Icor solo viven permanentemente cuatro personas: ellos. Sus vecinos más cercanos residen a 50 metros, en la antigua carretera del sur, la TF-28. Y en el corazón del caserío, declarado Bien de Interés Cultural en 2005, solo viven ellos.

Juana Marrero Delgado y sus hermanos, Emelina y Paulino, ya no viven en Icor, pero acuden cada semana. "Aquí no hay nada, pero la tranquilidad es infinita", dice Juana, sonriendo. Su padre era cabrero y desde los cinco años cuidaba del ganado. "Teníamos las cabras abajo, en Abote, donde ahora están las placas solares. Empecé a trabajar pronto para no llegar tarde", recuerda, aunque lamenta la pérdida de su infancia.

Icor es un contraste entre el pasado y el presente: por un lado, un caserío del siglo XVI con una arquitectura singular y, por otro, modernos aerogeneradores y placas solares que benefician económicamente a unos pocos.

Juana, Nacho y Estrella se quejan de las trabas burocráticas que pone la administración local a cualquier cambio en el caserío. La declaración como Bien de Interés Cultural dificulta cualquier actuación. "La alcaldesa de Arico, Olivia Delgado, se preocupa por nosotros. Cada vez que me ve, me pregunta cómo estamos", dice Nacho, a lo que Estrella añade: "Se preocupa, pero no hace nada". Juana coincide: "No hacen nada. Todos hablan, pero nadie hace nada. El caserío no está abandonado, está muy abandonado".

Nacho no entiende por qué nadie toma cartas en el asunto: "No entendemos por qué no se hace nada. Recursos tienen que tener, porque aquí hay muchos aerogeneradores y placas solares. Dinero entra". Las quejas de los vecinos y personas vinculadas al caserío son constantes. Se han organizado en un grupo de WhatsApp y en una asociación de vecinos para reclamar mejoras. "Antes existía una asociación y ahora estamos intentando recuperarla para tener más fuerza", afirma.

Nacho, Estrella, Vanessa y Kevin se han centrado en conservar los edificios en su estado original. "Intentamos recuperar todo como era antes, sin añadidos modernos. A mi yerno le gusta trabajar la madera y quiere recuperar las puertas antiguas, no poner nuevas", cuenta Nacho. También han encontrado un horno para hacer pan en una de las cuevas, que han limpiado de maleza. Allí mismo se encuentra el lagar donde antiguamente se hacía vino.

En estas estancias siempre hace fresco y el tiempo parece haberse detenido. Viejas sulfatadoras de cobre, una máquina de escribir, una botella de cerveza de 1939, herramientas para trabajar la piedra, mostradores y vitrinas de una antigua tienda, cribas de aguja de pino, toneles, cerámica e incluso "piezas de barro que nos han dicho que pueden ser de la época aborigen", muestra Nacho. "Han venido cargos del Cabildo, arqueólogos y expertos que nos han dado información, pero ahí se ha quedado todo", añade.

Esta parte de la finca de Nacho y Estrella es un lugar de esparcimiento y disfrute familiar. Sentados a la sombra de una de las cuevas, cuentan que para rehabilitar el tejado de la casa con balcón, uno de los edificios más emblemáticos del caserío, "el Ayuntamiento de Arico tardó dos años en dar la licencia. Tardan más que el Cabildo de Tenerife". Consideran que la licencia se consiguió gracias a la publicación en los medios de comunicación. "Nos la dieron al día siguiente de la publicación. Si no es por el artículo, no la conseguimos", reconocen.

La pasión y el entusiasmo de este matrimonio por Icor son admirables. No nacieron aquí y llevan menos de diez años viviendo. El 24 de octubre recibirán el premio Gánigo del Centro de Iniciativas y Turismo del Sur de Tenerife a propuesta del Ayuntamiento de Arico. Un premio merecido, pero quizás más importantes que los reconocimientos son las actuaciones urgentes. El patrimonio de Icor tiene ángeles de la guarda, pero no son las instituciones públicas.