La Librería Lemus de La Laguna se reinventa ante la caída del manual universitario físico

La Librería Lemus de La Laguna se reinventa ante la caída del manual universitario físico

Recurso: El Día

La histórica Librería Lemus de San Cristóbal de La Laguna ha centralizado su actividad en su sede original como parte de una reestructuración estratégica para adaptarse a la caída de la demanda de manuales universitarios físicos y al auge de nuevos formatos literarios.

La supervivencia de la Librería Lemus en San Cristóbal de La Laguna, un establecimiento con más de cinco décadas de trayectoria, sirve como termómetro de la transformación que atraviesa el sector del libro en España. Tal y como recoge el diario El Día, este emblemático punto de venta ha culminado recientemente un proceso de reestructuración operativa que refleja, a su vez, el cambio de hábitos en el consumo cultural y académico de la sociedad actual.

La estrategia de Francisco Lemus, responsable del negocio, ha consistido en consolidar toda su actividad en la sede original del número 64 de la calle Heraclio Sánchez. Esta decisión responde a una realidad de mercado ineludible: la drástica caída en la demanda de manuales universitarios físicos, que han sido desplazados por el soporte digital. Según los datos aportados por el propio librero, la superficie dedicada a disciplinas como Medicina o Derecho ha experimentado un retroceso proporcional a la digitalización de los planes de estudio, lo que ha permitido centralizar el inventario que anteriormente se distribuía en un segundo local en la avenida Trinidad.

Más allá de la logística, el caso de Lemus ilustra una tendencia observada por los expertos en el sector editorial: mientras el libro de texto académico pierde terreno frente a los archivos PDF y las herramientas de inteligencia artificial, la narrativa, la poesía y, especialmente, el cómic, experimentan un auge sostenido. Este fenómeno sugiere que el lector contemporáneo busca en el papel un valor añadido —ediciones cuidadas, encuadernaciones especiales y una experiencia sensorial— que el formato electrónico no logra replicar.

Este repliegue hacia la sede histórica no debe interpretarse como un síntoma de decadencia, sino como una adaptación pragmática ante la presión de las grandes superficies y la mutación del tejido comercial lagunero. La trayectoria de este establecimiento, que ha visto cómo secciones hoy imprescindibles —como la de informática o la literatura canaria— no existían hace años, subraya la capacidad de resiliencia de las librerías independientes.

Finalmente, el testimonio de Lemus se alinea con el debate pedagógico internacional sobre la eficacia del aprendizaje en pantalla frente al soporte tradicional. La reciente rectificación de políticas educativas en países nórdicos, que vuelven a apostar por el libro impreso en la enseñanza primaria, refuerza la tesis del librero: la estructura cognitiva del estudiante se beneficia de la tangibilidad del papel. En un entorno marcado por la volatilidad tecnológica, la Librería Lemus se reafirma en su apuesta por el objeto físico, sosteniendo que la permanencia del libro, tras cinco siglos de historia, sigue siendo un activo cultural inalterable.