
Humberto Hernández reivindica la diversidad lingüística y el valor del habla canaria en su nuevo libro
El nuevo libro de Humberto Hernández, No hay dialecto pequeño, reivindica la diversidad lingüística y la legitimidad de las variantes del español, con especial énfasis en la riqueza y proyección del habla canaria.
La reciente publicación de No hay dialecto pequeño (Pie de Página, 2026), el nuevo compendio de artículos de Humberto Hernández, pone de relieve la vigencia del debate sobre la diversidad lingüística en el español contemporáneo. Tal y como recoge la entrevista publicada recientemente, el catedrático y ex presidente de la Academia Canaria de la Lengua propone una revisión crítica de la denominada «glotofobia», fenómeno que ha condicionado históricamente la percepción de las modalidades meridionales y, específicamente, la del archipiélago canario.
El volumen, que cuenta con un prólogo de la filóloga Lola Pons, aglutina casi medio centenar de textos periodísticos donde el autor articula una defensa de la igualdad de valor entre todas las variantes del idioma, independientemente de su peso demográfico. Hernández sostiene que la proyección panhispánica del español de Canarias —cuyo legado es fundamental para entender la configuración del habla en el Caribe— ha sido un factor clave para superar los complejos de inferioridad que, durante décadas, llevaron a muchos hablantes insulares a renunciar a sus rasgos identitarios en favor de modelos peninsulares centronorteños.
Desde una perspectiva sociolingüística, el autor analiza cómo la globalización y los flujos migratorios actuales, lejos de erosionar la singularidad del dialecto canario, propician un intercambio léxico constante. Términos procedentes de América, como «arepera» o «palo de agua», se integran hoy con naturalidad en el habla cotidiana de las islas, demostrando que la lengua es un organismo vivo que se enriquece mediante el contacto. Esta vitalidad, según Hernández, es el mejor antídoto contra la desaparición de las variantes dialectales, siempre que exista una voluntad de preservación por parte de los propios hablantes.
La labor de la Academia Canaria de la Lengua, institución fundada en 1999, resulta determinante en este proceso de normalización. A través de programas de divulgación en centros educativos y la publicación de obras de referencia —como su diccionario de canarismos—, la entidad ha logrado que el uso de rasgos propios, como el seseo o el empleo del pronombre «ustedes» en contextos informales, sea percibido hoy como un ejercicio de corrección y no como una deficiencia.
Finalmente, el profesor honorario de la Universidad de La Laguna reflexiona sobre el papel de los medios de comunicación en la preservación del rigor idiomático. A su juicio, el periodismo actual ha experimentado una mejora cualitativa al diferenciarse de la inmediatez y el descuido gramatical propios de las redes sociales. Aunque reconoce la persistencia de errores recurrentes y la presión de la inmediatez informativa, Hernández subraya que la eficacia comunicativa sigue siendo el criterio fundamental para validar el uso de la lengua, instando a los profesionales de la información a mantener un equilibrio entre la sencillez divulgativa y la precisión científica.