Canarias, un referente histórico en la producción audiovisual global desde el icónico anuncio de Nike en 1998

Canarias, un referente histórico en la producción audiovisual global desde el icónico anuncio de Nike en 1998

Recurso: Diario de Avisos

La histórica campaña de Nike rodada en la playa de Las Teresitas en 1998 consolidó a Tenerife como un enclave estratégico para la producción audiovisual global mucho antes del auge de los actuales incentivos fiscales.

La consolidación de Canarias como un nodo estratégico para la producción audiovisual global no es un fenómeno reciente, sino el resultado de una trayectoria que se remonta a décadas atrás, tal y como recoge una reciente crónica sobre la historia publicitaria del archipiélago. Más allá de los actuales incentivos fiscales que atraen a grandes estudios internacionales, la isla de Tenerife ya funcionaba a finales de los noventa como un enclave de referencia para campañas de alcance mundial, siendo la playa de Las Teresitas el escenario elegido por Nike para su emblemática pieza promocional con motivo del Mundial de Francia 1998.

Este rodaje, que hoy se estudia como un hito del marketing deportivo, reunió a ocho figuras de primer nivel en un entorno natural que, por aquel entonces, ofrecía una estética diferenciada para la audiencia internacional. La narrativa del anuncio, que presentaba un partido informal sobre la arena bajo la silueta del macizo de Anaga, contó con la participación de Ronaldo Nazário, Christian Vieri, Luis Enrique y Ariel Ortega en uno de los bandos, mientras que el equipo contrario estuvo integrado por Roberto Carlos, Hernán Crespo, Ibrahim Ba y Nwankwo Kanu.

El valor de esta pieza reside en su capacidad para integrar la cotidianidad de un entorno local con la proyección de estrellas que, en aquel momento, dominaban el panorama futbolístico europeo. La estructura del anuncio, que simulaba un encuentro prolongado desde el atardecer hasta la jornada siguiente, culminaba con un desenlace fortuito: un despeje de Crespo que terminaba en un camión de servicios municipales, cerrando así una narrativa que mezclaba el virtuosismo técnico de los jugadores con un tono desenfadado.

Este episodio subraya la relevancia histórica de las islas en la industria de la imagen, mucho antes de que la digitalización transformara los hábitos de consumo publicitario. La elección de Santa Cruz de Tenerife para una producción de tal envergadura no solo puso a la capital tinerfeña en el mapa de las grandes marcas, sino que sentó un precedente sobre la versatilidad de los paisajes insulares, capaces de adaptarse a las exigencias de una narrativa global sin perder su identidad geográfica. La pieza, que perdura en la memoria colectiva de los aficionados, ejemplifica cómo la combinación de talento deportivo y localizaciones singulares puede trascender su propósito comercial para convertirse en un referente cultural.