El concierto de Michael Jackson en Tenerife: el hito que profesionalizó la industria musical en Canarias

El concierto de Michael Jackson en Tenerife: el hito que profesionalizó la industria musical en Canarias

Recurso: El Día

El histórico concierto de Michael Jackson en Tenerife en 1993 marcó un antes y un después en la profesionalización de la industria de eventos en Canarias, consolidando a las islas como un destino capaz de albergar giras internacionales de gran formato.

Tal y como recoge la información publicada recientemente sobre la efeméride, el paso de Michael Jackson por Tenerife el 26 de septiembre de 1993 no solo supuso un hito logístico, sino que actuó como catalizador para la profesionalización de la industria de eventos en el Archipiélago. Aquella escala, que cerró el periplo europeo del Dangerous World Tour tras la anulación de la fecha prevista en Sevilla, transformó la percepción de las Islas como plaza apta para giras de gran formato.

La complejidad técnica de la cita, que requirió el despliegue de dos aeronaves Antonov para transportar el equipamiento, sentó un precedente en la gestión de infraestructuras culturales en Canarias. La instalación en el Puerto de Santa Cruz de una plataforma de 77 por 30 metros, junto a gradas temporales para un aforo de 55.000 personas, evidenció la capacidad de la región para absorber eventos de escala global. Este despliegue, que integraba tecnología de vanguardia en iluminación, sonido y efectos láser, permitió que el público local accediera a una producción que, hasta aquel momento, se consideraba exclusiva de los grandes núcleos urbanos del continente.

Más allá de la repercusión mediática, la estancia del artista —quien se hospedó en el Hotel Botánico y visitó el Loro Parque— generó un impacto social sin precedentes. La expectación ciudadana ante la presencia del músico en el Puerto de la Cruz subrayó la excepcionalidad de un evento que, tres décadas después, se analiza como el punto de inflexión que permitió a Canarias integrarse en los circuitos internacionales de música en vivo. La consolidación actual del Archipiélago como sede recurrente de festivales y giras de primer nivel es, en gran medida, heredera de aquella apuesta organizativa que, en 1993, logró situar a Tenerife en el centro de la agenda cultural europea.