
La Cafetería Molina de La Laguna anuncia su cierre por la presión administrativa tras 29 años de actividad
La emblemática Cafetería Molina de San Cristóbal de La Laguna anuncia su venta tras 29 años de actividad, denunciando el agotamiento provocado por la asfixia administrativa y las trabas institucionales del Ayuntamiento.
El sector hostelero de San Cristóbal de La Laguna se enfrenta a una nueva baja significativa, un fenómeno que, lejos de responder a la jubilación de sus regentes, pone de manifiesto la creciente asfixia administrativa que sufren los pequeños empresarios en el casco histórico. Tal y como ha trascendido a través de los canales oficiales de la Cafetería Molina, el establecimiento ha colgado el cartel de venta no por falta de viabilidad económica, sino como consecuencia de un agotamiento provocado por la presión institucional y las dificultades operativas del día a día.
Tras casi tres décadas de actividad ininterrumpida bajo la misma propiedad, el negocio ha querido desvincular su cierre de cualquier crisis financiera o relevo generacional. La dirección ha sido tajante al desmentir los rumores que circulaban en el municipio, aclarando que su decisión es el resultado de una desmotivación acumulada ante lo que califican como una década de fricciones constantes con la administración local.
El conflicto, según la versión de los propietarios, se ha centrado en la gestión de los elementos exteriores del local. La exigencia de retirar la cartelería histórica y las trabas recurrentes para la explotación de la terraza han marcado una relación tensa con el Ayuntamiento. A pesar de haber invertido recursos en proyectos técnicos y memorias para ajustarse a la normativa vigente, la propiedad asegura haber recibido respuestas negativas sistemáticas, una situación que contrasta, a su juicio, con la permisividad observada en otros establecimientos de la zona.
Este caso ilustra una problemática recurrente en los cascos urbanos protegidos: la dificultad de conciliar la conservación patrimonial con la rentabilidad de los negocios de proximidad. A la carga impositiva y el encarecimiento de los insumos, se suma una burocracia que, en este caso, ha terminado por desincentivar la continuidad de un negocio con 29 años de trayectoria.
A pesar del anuncio de venta, la Cafetería Molina mantendrá su actividad de manera provisional. Los clientes podrán seguir acudiendo al local en su horario habitual, de lunes a viernes, entre las 07:00 y las 15:00 horas, mientras se resuelve el futuro de un establecimiento que se ha convertido en un símbolo de la lucha del pequeño comercio frente a la rigidez administrativa.