
La leyenda y la historia tras la pendiente de la calle La Carrera en La Laguna
Un estudio historiográfico desmiente la leyenda popular que atribuía la inclinación de la calle Obispo Rey Redondo en San Cristóbal de La Laguna a una intervención humana, confirmando que su trazado responde a la orografía natural del terreno.
La fisonomía urbana de San Cristóbal de La Laguna, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, esconde bajo sus adoquines una dualidad constante entre el mito popular y el rigor historiográfico. Tal y como recoge el Diario de Avisos en una reciente publicación firmada por Domingo Medina, la peculiar pendiente que define el primer tramo de la calle Obispo Rey Redondo —históricamente conocida como calle de La Carrera— ha servido de escenario para una de las leyendas más persistentes del acervo cultural lagunero.
La tradición oral ha vinculado durante décadas esta irregularidad topográfica con un episodio de violencia familiar y desamor. Según este relato, la inclinación del terreno sería el resultado de una intervención deliberada de Alonso Fernández de Lugo, quien habría ordenado alterar la cota de la vía para evitar visualizar el punto exacto donde su hijo, Fernando, fue víctima de un homicidio por causas pasionales. Esta narrativa, cargada de tintes dramáticos, ha permeado la memoria colectiva, otorgando a este eje viario un simbolismo que trasciende su función urbanística.
No obstante, el análisis historiográfico, respaldado por figuras de la talla de María Rosa Alonso y Manuela Marrero, despoja al lugar de su carga novelesca para devolverlo a la realidad geográfica. La evidencia técnica apunta a que la inclinación es una consecuencia directa de la orografía original del terreno, marcada por el curso de las escorrentías que bajaban desde las zonas altas de la villa hacia los barrancos. Esta explicación, de carácter pragmático, desmiente la intervención humana intencionada que sugiere la leyenda.
Más allá de las interpretaciones sobre su trazado, la calle de La Carrera constituye un documento histórico en sí mismo. Su denominación actual, vigente desde 1913 en honor al prelado Rey Redondo, oculta una evolución toponímica que refleja los usos sociales de la ciudad. Durante el siglo XVI, la vía fue identificada bajo diversas nomenclaturas, como "la calle que va a Santa María" o Nuestra Señora de los Remedios, antes de consolidar el nombre de "La Carrera". Este apelativo responde a la práctica de competiciones ecuestres que conectaban puntos periféricos como San Lázaro o San Benito con la Plaza del Adelantado, una actividad que definió la dinámica de la calle hasta que el posterior empedrado del firme obligó a cesar estas pruebas de velocidad. La pervivencia de estos relatos y cambios de nombre subraya la importancia de este eje como arteria vertebradora de la vida pública en el casco histórico tinerfeño.