Garachico celebra 450 años de su Castillo de San Miguel, baluarte histórico contra piratas.

Garachico celebra 450 años de su Castillo de San Miguel, baluarte histórico contra piratas.

Recurso: Diario de Avisos

El Castillo de San Miguel en Garachico, la fortificación más antigua de Tenerife, celebra su 450 aniversario como un símbolo histórico y cultural clave, destacando su papel en la defensa de la isla y albergando valiosos tesoros históricos.

Garachico tiene un tesoro: el Castillo de San Miguel, la fortificación más antigua de Tenerife. Este edificio, que cumplió 450 años el 25 de julio, se construyó en 1575 para proteger la zona de los piratas. En esa época, Garachico era la capital y la principal puerta de entrada a la isla gracias a su próspero puerto.

El castillo está situado junto a las piscinas naturales de El Caletón y se conserva en perfecto estado. Aunque sufrió un incendio en 1697, se hicieron algunas pequeñas restauraciones. También resistió la erupción del volcán de Trevejo en 1706, ya que la lava no llegó a afectarlo directamente. Sin embargo, cuando el volcán sepultó el puerto, el castillo perdió su función de proteger la ciudad, que dejó de ser una de las más importantes de Canarias.

Hoy en día, el Castillo de San Miguel es uno de los lugares más visitados de Garachico. Andrés Manuel Lorenzo Expósito, monitor de actividades culturales del Ayuntamiento y apasionado de la historia militar, se encarga de organizar recreaciones de la guardia del siglo XVIII. Además, participa en los actos de celebración del 450 aniversario del castillo.

Lo primero que llama la atención del castillo es su aspecto rústico, con muros de piedra y forma cuadrada. Aunque no es tan grande como otros castillos de la península, tiene su encanto.

Andrés explica que, en realidad, el Castillo de San Miguel es una fortificación, no un castillo propiamente dicho. Por eso no tiene puente levadizo, foso ni torre del homenaje. La razón es que, en la época en que se construyó, el cañón era el arma principal. Los muros de las fortificaciones debían ser muy gruesos para resistir los cañonazos.

En el interior, en lugar del típico patio de armas, hay dos amplias habitaciones cubiertas con bóvedas. Pero lo más sorprendente son los cinco escudos heráldicos que alberga, algo que no se encuentra en ninguna otra fortificación de Canarias.

Estos escudos representan a personajes importantes en la historia del castillo. El primero es de Felipe II, quien autorizó la construcción de una fortaleza más grande y mejor equipada. Los demás pertenecen a nobles que contribuyeron a la construcción del castillo con autorizaciones, firmas o aportando dinero y terrenos.

Desde una estrecha escalera se puede subir a la plataforma de combate, que ofrece unas vistas espectaculares de las piscinas naturales de El Caletón, formadas por la lava del volcán, y del casco histórico de Garachico. Allí ondea una bandera con la cruz de San Andrés, un símbolo asociado al tipo de cruz en la que, según la tradición, fue martirizado este apóstol.

La bandera original se guarda dentro del castillo. En ella se puede leer "Regimiento de Garachico", ya que las antiguas milicias de la zona participaron en el intento de conquista del almirante británico Horacio Nelson en 1797. Según Andrés Lorenzo, esta bandera, que data de 1760, es una de las mejor conservadas y tiene incluso quemaduras de pólvora.

La bandera se conserva en el Museo Militar de Almeida, en Santa Cruz, que la custodia junto con el Obispado de Tenerife. Cada cierto tiempo, se pide permiso a ambas instituciones para llevarla a Garachico y exponerla en el castillo.

También se exhibe un uniforme de milicia que muestra cómo vestían los soldados, con los colores reglamentarios del ejército español en ese momento: azul y rojo. Andrés explica que los uniformes que recibían eran de segunda clase, "las sobras de la Península".

Los cañones que se encuentran en el exterior del castillo fueron traídos por el entonces alcalde de Garachico, Lorenzo Dorta, tras unas obras en la avenida de Santa Cruz, en la capital. Durante estas obras, se descubrió que este tipo de cañones se utilizaban para dar firmeza al terreno. Estos cañones datan de finales del siglo XVII, ya que no tienen escudos.

Hace tres años, Andrés descubrió que el castillo tenía un alcaide mayor, una figura medieval que era la persona designada por el gobernador para encargarse de la defensa del castillo.

El primer alcaide mayor del Castillo de San Miguel fue Fabián Viña Negrón, en 1579. Él pagó parte de las obras y, a cambio, obtuvo el cargo de alcaide vitalicio, así como el derecho a que sus sucesores lo heredaran.

Sin embargo, tras su muerte, comenzaron los pleitos entre sus familiares por la sucesión. El último nombramiento de alcaide mayor por parte del Ayuntamiento fue en 1975, a favor de Francisco Gutiérrez Hernández, quien ocupa el cargo actualmente. Andrés cree que es posible que sea el único alcaide en Canarias y en España. Según él, militares de alto rango que han visitado el castillo se sorprenden de que esta figura todavía exista.

Hasta 1959, el castillo perteneció al Cuartel General del Mando de Canarias. A partir de ese momento, al no tener utilidad militar, la entidad propuso su venta al Ayuntamiento, que lo compró por 2.719,26 pesetas. El entonces alcalde, Teodoro Velázquez y Velázquez, llevó a cabo diversas mejoras y el castillo se convirtió en museo y Centro de Información Patrimonial. En la actualidad, alberga exposiciones temporales y sigue siendo una joya arquitectónica. "Hoy en día no se construye nada parecido. Los albañiles y los peones de antes eran buenísimos", comenta Andrés Lorenzo con una sonrisa.