
Tenerife celebra su primer Día de Tenerife: identidad y futuro.
Tenerife celebra hoy, 2 de febrero, su primer Día de la Isla para reflexionar sobre su identidad y futuro en un momento de crecimiento, coincidiendo con la festividad de la Virgen de Candelaria.
Paisajes, tradiciones, historia... Tenerife se mira hoy a sí misma para reflexionar sobre su identidad y su futuro. En un momento de gran crecimiento turístico y de población, la isla celebra por primera vez el 2 de febrero el Día de Tenerife. Esta iniciativa del Cabildo busca reconocer a quienes han ayudado al progreso de la isla y celebrar lo que significa ser tinerfeño. El evento principal (Auditorio Adán Martín, 21:00 horas) coincide con la festividad de la Virgen de Candelaria, declarada fiesta insular en 2005. El Cabildo explicó que esta fecha busca que Tenerife tenga un día propio que represente su esencia como isla, su historia, sus costumbres y, sobre todo, a su gente.
La celebración de esta noche, que es un homenaje a la historia y las tradiciones, nos invita a mirar los símbolos de Tenerife. Algunos son compartidos con el resto de Canarias, como el sonido del timple, la lucha canaria, el salto del pastor, el gofio, las fiestas patronales con sus procesiones y verbenas, o las parrandas espontáneas. Pero también hay símbolos propios, muy ligados al paisaje, la historia y la vida social de la isla, desde el Teide hasta el Parque Rural de Anaga, sin olvidar los iconos festivos y religiosos.
Con sus 3.718 metros, el Teide es, sin duda, el símbolo más importante de Tenerife. Es el corazón geográfico de la isla. En los últimos años, se ha hablado mucho sobre cómo regular las visitas y, recientemente, se ha empezado a cobrar una ecotasa. Su historia se remonta a millones de años de actividad volcánica. Fue una montaña sagrada para los guanches, que la llamaban Guayota, y hoy es un referente turístico y científico. Su gran valor fue reconocido por la Unesco en 2007, cuando lo declaró Patrimonio de la Humanidad.
La herencia de los guanches, los primeros habitantes de la isla que veían el Teide como una montaña sagrada, sigue viva en la cultura tinerfeña. Su forma de organizarse, sus costumbres y su conexión con la naturaleza han dejado su marca en los nombres de lugares, en los restos arqueológicos y en la memoria de todos. Por eso, también deben estar en esta lista. Las estatuas que los representan en Candelaria son un buen ejemplo de su importancia.
Así como las figuras de los guanches en Candelaria son una visita imprescindible, también lo es (quizás demasiado, por la afluencia de gente) el Parque Rural de Anaga. Este parque destaca por su vegetación frondosa, con bosques de laurisilva, barrancos y acantilados. Se extiende por los municipios de Santa Cruz, La Laguna y Tegueste, y es una Reserva de la Biosfera por sus excepcionales condiciones naturales. Hoy, uno de sus mayores retos es el turismo masivo que ha saturado algunas zonas. A pesar de esto, sigue siendo un lugar con un encanto innegable. Sus miradores regalan vistas espectaculares del mar, los barrancos y los pequeños caseríos.
En Icod de los Vinos, el drago milenario es el árbol más famoso de Tenerife. Se calcula que tiene entre 800 y 1.000 años, y su tronco ancho y retorcido lo hace único. Además de su valor botánico, es un símbolo cultural y turístico, presente en exposiciones, campañas de la isla y leyendas locales. Es una visita obligada en el Norte. Otras plantas importantes son las tabaibas y los cardones, típicas de los paisajes secos, sobre todo en la costa y las medianías. Su capacidad para soportar la sequía y adaptarse a suelos volcánicos demuestra cómo la flora local ha evolucionado en condiciones difíciles. Podríamos verlas como una metáfora de resistencia.
Hablando de medio ambiente, no podemos olvidar el mar de nubes. Este fenómeno cubre a menudo los valles y las medianías de Tenerife, creando un espectáculo natural que cambia a lo largo del día. Causado por la humedad del Atlántico y la forma del terreno de la isla, transforma el paisaje y mantiene húmedos los bosques de las medianías.
En este viaje por la geografía y los símbolos de Tenerife, hay uno que quizás pase desapercibido y sea más intangible que otros. Sin embargo, es uno de los lugares donde la identidad de la isla se muestra en su estado más puro: las medianías. Este espacio intermedio entre la costa y las cumbres conserva una forma de vida auténtica, como tan bien describió Andrea Abreu en su libro "Panza de burro". Estas zonas se poblaron para aprovechar las laderas y cultivar la tierra. Aún hoy se cosechan productos como papas y viñas. Pero, si algo destaca, es la vida sencilla (y a menudo dura) de su gente y su fuerte apego a la tradición. Es la vida real frente a la postal, el día a día del tinerfeño, lejos de las fotos de postureo en Instagram.
Sin duda, La Laguna también merece estar en esta lista. Su casco histórico fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1999. Su diseño urbano, sin murallas y con calles rectas, sirvió de modelo para muchas ciudades coloniales en América. También debemos mencionar La Orotava, cuyo centro guarda cierto parecido con La Laguna. Sus casas señoriales, con balcones de madera tallada y patios interiores, nos transportan a otra época.
En La Laguna, al ser sede episcopal, lo religioso sigue teniendo cierta importancia. Aunque no es como antes, algo permanece. Y es que la fe es otro pilar fundamental de la identidad tinerfeña. La Virgen de Candelaria atrae a miles de peregrinos cada año (especialmente el 15 de agosto y el 2 de febrero), y el Cristo de La Laguna ha sido venerado durante siglos. Ambas imágenes son referentes para muchísimas personas.
Así como Tenerife es una isla de contrastes en sus paisajes, también lo es en sus símbolos, que van de lo más religioso a lo más festivo. No podía faltar el Carnaval, una de las celebraciones más conocidas de Tenerife, que ya está calentando motores con sus concursos. Las romerías también merecen una mención especial. Destacan dos: la de San Benito Abad, en La Laguna, que se celebra el segundo domingo de julio y es la única con el título de Regional; y la de Tegueste, que da inicio al calendario anual de grandes romerías.
La Bajada de la Virgen del Socorro, en Güímar, es otra romería que cada año congrega a miles de personas en una procesión con música y bailes tradicionales. La creatividad de la gente se ve de forma muy especial en las alfombras del Corpus Christi de La Orotava. En esta fiesta, calles y plazas se cubren de tapices hechos con flores y tierras, que son obras de arte temporales. Su elaboración requiere muchas horas de trabajo y la participación de vecinos y artistas, que convierten el pueblo en una gran obra colectiva.
Además de estas fiestas y símbolos, la identidad tinerfeña se construye también en torno a la comida y los productos de la isla. Los guachinches, que nacieron como pequeños negocios familiares para vender el vino de la propia cosecha, son hoy parte del imaginario colectivo de Tenerife. Sin embargo, desde hace tiempo, se enfrentan a la curiosa situación de que otros locales, que no son guachinches tradicionales, usan este nombre para atraer clientes.
La historia también nos da símbolos con una fuerte identidad. Cada 25 de julio, Santa Cruz conmemora la Gesta de 1797, cuando los tinerfeños lograron derrotar a la flota de Horacio Nelson. El Cañón Tigre es un elemento clave de aquella batalla, en la que los ingleses intentaron conquistar la isla pero no pudieron con las Milicias Canarias, las fuerzas de defensa de la ciudad, dirigidas por el general Antonio Gutiérrez.
Y de Santa Cruz, nos vamos al Sur de Tenerife. El paisaje vuelve a ser fundamental en lugares como los Acantilados de Los Gigantes. Estas impresionantes paredes de roca volcánica, que se elevan hasta 600 metros sobre el mar, son el resultado de millones de años de procesos geológicos. Otro punto natural destacado son las playas de arena negra, como Benijo, Almáciga o El Bollullo, que nos recuerdan el origen volcánico de Tenerife. Esta arena, producto de antiguas erupciones, crea un contraste único con el azul del mar y el verde de las montañas.
Y no podemos olvidar a grupos tan emblemáticos como Los Sabandeños, fundado en 1965, o al Club Deportivo Tenerife, que ha sabido mantener el cariño de los tinerfeños incluso en los momentos más difíciles. Ambas entidades han ido más allá de su actividad para convertirse en símbolos colectivos que despiertan emociones y un fuerte sentido de pertenencia, mucho más allá de los escenarios o los estadios.
El Auditorio Adán Martín, donde hoy se celebra el Día de Tenerife y que ha vuelto a ser noticia por el estado de su exterior, también es uno de los elementos más reconocibles de la isla. Se ha convertido en un icono de la capital y de Tenerife en general. Este edificio acoge conciertos, óperas y espectáculos internacionales, y este lunes será el centro de la celebración tinerfeña.