
Una colonia de aves asilvestradas altera la convivencia y preocupa por la salubridad en Valleseco
Los vecinos del barrio de Valleseco, en Santa Cruz de Tenerife, denuncian problemas de salubridad y daños materiales provocados por una colonia avícola asilvestrada que carece de control administrativo.
La convivencia en el barrio de Valleseco, en Santa Cruz de Tenerife, se ha visto alterada por la proliferación de una colonia avícola asilvestrada que, según ha informado recientemente el diario El Día, mantiene en vilo a los residentes de la zona. La problemática, que se concentra principalmente en el entorno de las calles El Silencio y 15, ha trascendido la mera molestia vecinal para convertirse en un foco de preocupación por la salubridad pública y la integridad del mobiliario urbano.
El grupo, compuesto por medio centenar de ejemplares, ha generado un conflicto de difícil gestión debido a la ausencia de un responsable legal de los animales. Los residentes han señalado que la presencia constante de estos gallos y gallinas ha derivado en daños materiales directos, como desperfectos en los vehículos estacionados en la vía pública, provocados por el escarbado de tierra y el desplazamiento de piedras. A esto se suma el impacto acústico derivado de los cantos de los machos, que se prolongan desde la madrugada hasta bien entrada la tarde, afectando al descanso de los habitantes.
Más allá de las molestias directas, el caso pone de relieve un problema recurrente en entornos urbanos y periurbanos: la gestión de colonias animales sin control veterinario ni administrativo. Los vecinos han alertado de que la práctica de alimentar a estas aves con restos orgánicos está atrayendo a roedores, lo que eleva el riesgo de una crisis sanitaria en el vecindario.
Este escenario plantea un desafío para las autoridades locales, que deben equilibrar la normativa de bienestar animal con las competencias en materia de salud pública y control de plagas. La situación en Valleseco ilustra la complejidad de intervenir en poblaciones de animales que, al carecer de propietario, quedan en un limbo jurídico, dificultando la aplicación de protocolos de retirada o reubicación sin incurrir en infracciones de la Ley de Bienestar Animal, que exige criterios técnicos estrictos para el manejo de colonias. La urgencia de los vecinos por encontrar una solución definitiva subraya la necesidad de una intervención municipal que ponga fin a la degradación de las condiciones de habitabilidad en este sector de la capital tinerfeña.