
Desalojan a un padre y su hija menor tras una ejecución hipotecaria en La Laguna
El desalojo de un padre y su hija menor en La Cuesta, San Cristóbal de La Laguna, tras una ejecución hipotecaria, ha reabierto el debate sobre la coordinación institucional y la protección de familias vulnerables frente a los procedimientos judiciales.
La reciente ejecución hipotecaria en La Cuesta, San Cristóbal de La Laguna, que ha culminado con el desalojo de un padre y su hija menor de edad, pone de relieve las complejas aristas legales que rodean a los procedimientos de desahucio cuando los ocupantes no ostentan la titularidad registral del inmueble. Tal y como recoge la información publicada por medios locales, el caso se origina en una deuda contraída por los padres del afectado —propietarios originales de la vivienda de protección oficial— al avalar un préstamo ajeno, lo que ha derivado en la reclamación del activo por parte de un fondo de inversión.
La situación pone de manifiesto la brecha existente entre la realidad social de las familias y los protocolos judiciales. Mientras que desde la formación política Drago Verdes Canarias se ha cuestionado la celeridad y la eficacia de la intervención municipal, señalando una supuesta falta de respuesta institucional desde que se notificó el proceso en marzo de 2020, el Ayuntamiento de La Laguna ha defendido su actuación basándose en las limitaciones competenciales. Según fuentes municipales, al no figurar el residente como parte interesada en el procedimiento judicial, la capacidad de acción del consistorio queda supeditada a la solicitud expresa del Juzgado para la emisión de informes de vulnerabilidad, un documento que, según el gobierno local, fue remitido el pasado día 18 para su valoración.
El conflicto subraya la precariedad habitacional a la que se enfrentan trabajadores con ingresos limitados, incapaces de acceder al mercado de alquiler privado, y la dificultad de gestionar la protección de menores en contextos de ejecuciones hipotecarias. El afectado, que contaba con la custodia compartida de la menor, ha tenido que recurrir a un alojamiento de emergencia gestionado por Cruz Roja tras el desalojo.
Este episodio vuelve a situar en el debate público la eficacia de los proyectos de acompañamiento, como el programa Base 25 —iniciativa en la que colabora Cáritas—, y la necesidad de una mayor coordinación entre las administraciones locales y los órganos judiciales. La controversia se extiende también a la gestión de los bienes muebles de los afectados, tras las críticas vertidas sobre la ausencia de soluciones para el almacenamiento de las pertenencias personales durante el lanzamiento. En última instancia, el caso ilustra la vulnerabilidad de los ocupantes que, aun residiendo en una vivienda, carecen de la protección jurídica directa que otorga la propiedad, dejando su estabilidad habitacional a merced de los tiempos y los criterios de los fondos de inversión y la burocracia judicial.