
El árbitro medioambiental: la figura clave para la sostenibilidad en las carreras de montaña
La figura del árbitro medioambiental, encarnada por Vicente Infante en Canarias, se consolida como un rol técnico esencial para garantizar la sostenibilidad y minimizar el impacto ecológico en las competiciones deportivas de montaña.
La creciente profesionalización de las pruebas deportivas en entornos naturales ha propiciado la aparición de figuras especializadas en la preservación del ecosistema, un rol que, según ha dado a conocer recientemente el diario El Día, encarna en Canarias Vicente Infante. Este perfil, denominado árbitro medioambiental, actúa como garante del cumplimiento de las normativas de sostenibilidad en competiciones de montaña, una labor que trasciende la mera vigilancia para convertirse en un ejercicio de auditoría técnica sobre el terreno.
La función de estos colegiados, integrados en la estructura de la Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada, resulta determinante para que las organizaciones obtengan el sello verde, una certificación que acredita la minimización del impacto ecológico. El proceso de evaluación es exhaustivo y se prolonga durante todo el ciclo de la prueba: desde la planificación, que requiere una coordinación mínima de un mes, hasta la fase de post-competición, donde se verifica que el estado del entorno sea equivalente o superior al previo a la carrera.
El marco de actuación de Infante, pionero en la materia, abarca desde la gestión de residuos y la exigencia de materiales biodegradables en la señalización, hasta la compensación de la huella de carbono derivada del transporte de los participantes. Su autoridad, aunque carece de capacidad sancionadora directa para la suspensión de eventos —potestad que recae en criterios de seguridad, como ocurrió con la reciente cancelación de la Tenerife Bluetrail por condiciones meteorológicas adversas—, se ejerce mediante la elaboración de informes técnicos. Estos documentos son remitidos a organismos como Europarc, que dictaminan la concesión de las certificaciones ambientales basándose en el rigor de las medidas aplicadas.
Más allá de la competición, la labor de estos jueces se inserta en un contexto de mayor complejidad regulatoria. El Plan Rector de Uso y Gestión del Parque Nacional del Teide impone restricciones severas para evitar la degradación del suelo y la masificación, un fenómeno agravado por la influencia de las redes sociales en la afluencia de visitantes. Infante advierte sobre la disparidad de impacto entre las distintas actividades, señalando que, mientras el senderismo o el trail running poseen una huella reducida si se ejecutan bajo norma, el uso de vehículos motorizados o bicicletas de descenso requiere una vigilancia más estricta debido a su capacidad de alteración del terreno y del paisaje sonoro.
En última instancia, la figura del árbitro medioambiental responde a la necesidad de armonizar la práctica deportiva con la conservación. El sistema de penalizaciones, que puede derivar en descalificaciones por conductas como el uso de bastones con punta metálica en zonas protegidas o el abandono de residuos, subraya la importancia de la educación ambiental. Ante el auge del turismo de naturaleza, la labor de estos especialistas se consolida como un mecanismo indispensable para asegurar que el disfrute del patrimonio natural no comprometa su integridad a largo plazo.