
35 años de la muerte de "El Brujo": Permisos penitenciarios bajo lupa.
La conmemoración de los 35 años de la muerte de Dámaso Rodríguez Martín, "El Brujo", abatido en Tenerife tras fugarse de prisión y cometer nuevos crímenes, reaviva el debate sobre los permisos penitenciarios y la seguridad ciudadana.
La conmemoración de los 35 años desde la muerte de Dámaso Rodríguez Martín, conocido como "El Brujo", durante una operación policial en Tenerife, reabre el debate sobre la gestión de permisos penitenciarios y la seguridad ciudadana, tal y como ha recordado una reciente publicación. Su fallecimiento, ocurrido el 19 de febrero de 1991, puso fin a una intensa búsqueda que mantuvo en vilo a la población canaria, especialmente ante la proximidad de los Carnavales de la capital.
Rodríguez Martín había sido condenado en 1981 a 55 años de prisión por asesinato, agresión sexual y tenencia ilícita de armas, tras un violento asalto a una pareja en El Moquinal, en el macizo de Anaga. En aquel suceso, el varón perdió la vida por disparos, y la mujer resultó gravemente herida tras ser agredida sexualmente. Pese a la severidad de la pena, se le concedió un permiso penitenciario menos de una década después de su ingreso en el centro Tenerife II. El 17 de enero de 1991, no regresó a prisión, activándose un dispositivo de búsqueda inicial.
La alarma social se disparó tras el hallazgo de los cuerpos de Karl Flick, de 82 años, y su esposa Marta Küpper, de 87, ciudadanos alemanes, los días 23 y 24 de enero de 1991, respectivamente, en la zona de Anaga. La investigación atribuyó estos crímenes al fugitivo, lo que llevó a un refuerzo del operativo de la Guardia Civil, con la movilización de efectivos desde la Península y la restricción de accesos al monte. La situación generó inquietud en el área metropolitana, ante la posibilidad de que el prófugo eludiera el cerco y se mezclara entre las miles de personas que participarían en las festividades.
La capacidad de Dámaso Rodríguez para evadir a las fuerzas de seguridad durante más de un mes se atribuyó a su profundo conocimiento del macizo de Anaga, su lugar de nacimiento en El Batán, y a su experiencia militar en la Legión, que le proporcionó resistencia física y familiaridad con el manejo de armas. Esta combinación de factores le permitió moverse con destreza por la orografía compleja y la densa vegetación de la zona, dificultando la labor de los agentes y los perros especializados.
Finalmente, el 19 de febrero de 1991, una alerta ciudadana sobre la presencia de una persona en una vivienda deshabitada en El Solís condujo al cerco final. Tras un intercambio de disparos con los agentes, Dámaso Rodríguez Martín resultó muerto por una herida de arma de fuego. La versión oficial de la época indicó que el deceso se produjo por un disparo autoinfligido con su escopeta, al verse sin escapatoria.